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Sobre American Gothic, por Mario Nicolás Egido

SIN SPOILER

 

La serie American Gothic, retransmitida por la CBS, gira en torno a la confianza. Una influyente familia de Boston, los Hawthorne, se ve sacudida por la vinculación del padre con los crímenes del Asesino de la Campanilla, que hace más de una década estranguló a miembros de la alta sociedad de la ciudad. Lo que se revela a lo largo de los trece capítulos de esta serie es la relación entre los tres hijos menores, Alison, Cam y Tessa, con los acontecimientos del pasado. En ellos parecen estar implicados sus padres y el hermano mayor, Garrett, que abandonó a todos a la vez que el asesino dejaba de cometer sus crímenes.

La confianza es el tema que recorre la historia porque, ya en el principio, se ve cómo los hijos pasan de confiar ciegamente en el padre a aceptar que se trata de un asesino, algo que da muchas vueltas con el desarrollo posterior. A partir de ahí, la desconfianza se instala entre ellos, sospechando unos de otros, ante la idea de que el asesino es alguien cercano. Pero la duda termina cayendo sobre lo que son, de manera que ellos mismo sufren un cambio ante el transcurso de los acontecimientos. Así Alison, la hija mayor, candidata a la alcaldía de Boston, hecho que justifica las reservas iniciales de la familia a que se indague en su historia, pasa de estar plenamente segura de sí misma a cuestionárselo todo, incluida su relación de pareja. Cam, el hermano menor, se resuelve a abandonar las drogas tras media vida de adicciones y una relación tormentosa con la madre de su hijo, Jack, un personaje atípicamente escalofriante para su edad. Mientras que Tessa va desde cierto estado de inocencia, entorpeciendo las pesquisas de la policía, a exigir explicaciones a Garrett, el hermano mayor, su favorito, al que se relaciona con los asesinatos. Por su cuenta, Garrett se muestra huraño e inaccesible en un principio, apreciamos que seguramente le prohibieron sonreír en el plató durante el rodaje de los primeros capítulos, pero luego se reconcilia con sus parientes y con lo ocurrido, eso sí, con la ayuda de una relación amorosa.

Aparece, por tanto, como una serie policiaca articulada a través de la investigación que desarrolla el novio de Tessa, Brady, oficial de policía decidido a desvelar la verdad a pesar del conflicto de intereses que se da en él. Y aunque la serie se abre con el típico esquema que conlleva la búsqueda del asesino, consiguió atraparme porque desde el inicio se intuye la complejidad de la resolución del caso. Las pistas falsas que aporta la matriarca de los Hawthorne y Garrett hacen que la trama vaya desenvolviéndose dejando buenas dosis de suspense hasta ofrecer un final potente, nada simplista. Y sobre todo me resulta interesante que en todo momento se sepa quién oculta la verdad y que estos personajes encuentren, a cada paso, razones para mantener encubierto el pasado, una posición que no flaquea hasta los últimos capítulos. Hay que reconocer que el reparto de actores es bastante bueno y los cliffhanger, ese recurso basado en dejar una duda en el espectador al terminar un capítulo, funcionaron conmigo. Además, la serie queda bien atada en su conclusión, algo que es de agradecer cuando has sufrido la agonía de querer saber más desde que empiezas a verla.

 

CON SPOILER

 

Tal vez no sea casual el nombre de la serie: en American gothic, el cuadro de Grant Wood, se representan los valores del americano medio a través de un retrato sucinto. En esta serie se expone el valor supremo del capitalismo, el interés personal, al público general, acercándose a una familia adinerada. El problema está en hacerlo sin que haya crítica por medio, ya que esta connivencia supone consentimiento, haciendo pasar por buena la actitud del narcisista, de aquel que solo mira por el bien propio, incluso a costa del resto.

Se trata de una serie política, no solo porque Alison se presente a la alcaldía de Boston, sino porque la motivación principal de los protagonistas es el lema de las élites, es decir, moverse solamente por uno mismo. La cuestión de clase se plantea a través de la suma facilidad con la que se desquitan de los problemas judiciales todos los miembros de los Hawthorne a lo largo de la investigación policial, al ser capaces de contratar a los mejores abogados. Por otro lado, encontramos como germen de todos los problemas un desvío de capital que llevó a cabo el matrimonio Hawthorne desde el fondo de pensiones de los trabajadores de su empresa hacia una cuenta personal. Pero este pilar narrativo no lleva a ninguno de los hijos a cuestionarse la legitimidad de su fortuna, ni trae consigo un interés por las vidas de los que sufrieron ese perjuicio. Por contra, esta posición de poder se refuerza moralmente cuando en una conversación entre Alison y su asesora de campaña, esta afirma que su origen la convierte en la más preparada para regir la ciudad, cómo si la honradez fuera una asignatura que únicamente se imparte en las escuelas privadas.

Vemos, por tanto, que la guía de los protagonistas es la necesidad de conservar la posición, con excusa de proteger al conjunto, pero que se resuelve como ser capaz de sembrar la muerte por el provecho propio. Y a pesar de que el Asesino de la Campanilla cuenta con unas razones al llevar a cabo sus crímenes, estas pasan inadvertidas y se le considera simplemente como un psicópata. Cierto es que la violencia y la muerte nunca son legítimas, pero tras la trama se oculta la cuestión de clase, la desigualdad, que ni se analiza cuando al mismo tiempo aparece como la razón del Asesino de la Campanilla. El caso es que este elaboró una lista compuesta, en exclusiva, por ricos de Boston, aquellos que aportaban fondos al hospital y a cambio recibía un trato preferente. Esto responde a que su mujer muere por una infección ante la inacción de los sanitarios. Por contra, la actitud que se manifiesta tanto en la matriarca -ante su encontronazo con el asesino- como en Alison -al deshacerse de su madre- es decir, la capacidad para recurrir a cualquier medio para mantener una posición dominante, es entronada, ya que logran dar carpetazo a sus problemas. Algo que se enmascara con la protección de la familia así, en el final, se nos da a entender con la reciente paternidad de Garrett y Tessa, que esta redime, ya que les procura felicidad, al mismo tiempo que los mantiene unidos pese a todo lo ocurrido. Además, apreciamos que la fortuna de los Hawthorne tiene su origen en el sector de la construcción, en el que se impone la técnica a la naturaleza. En definitiva, el interés personal, la imposición del ego sobre el resto de los seres y las cosas, se presenta como la mayor preocupación de la vida, y lo que es más preocupante, como el motor de la acción humana.

Para concluir, no podemos dejar engañarnos por los mensajes que presentan al egoísmo como la clave de la humanidad. No es verdad que el progreso se basa en el interés individual y en la capacidad del hombre para imponerse sobre los demás. Realmente los grandes logros de nuestra especie tienen su origen en los esfuerzos colectivos, y no lo digo solamente porque crecemos dentro de una familia, sino por nuestra historia. Cuento con las suficientes neuronas para escribir esto porque, un día, cuatro monos desvalidos decidieron reunirse en sociedad para no sucumbir ante una naturaleza que los superaba por separado.

 

Ilustración: Cuadro de Grant Wood

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