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Aquí y ahora 22 (Diario de escritura), por Miguel Ángel Hernández

Lunes 12 de diciembre

Temprano, escribes. Dudas con el tono. Pasas el día probando de todas las maneras. Primera persona, segunda, tercera. Cada cambio supone una posibilidad. Cada cambio es una nueva novela. Al final del día, después de no levantarte de la silla explorando opciones, regresas al mismo lugar. La primera intuición, lo que está escrito en sucio en tus cuadernos, es lo que acaba valiendo.

 

Martes 13 de diciembre

Escribes el diario por la mañana. Después, reunión de la comisión del Centro de Estudios Visuales. Te ilusiona el proyecto, pero ya intuyes la cantidad de trabajo que se te viene encima.

Por la tarde, charla con los alumnos de primero de Historia del Arte. Javier ha recomendado Intento de escapada y hablas sobre el proceso de gestación. Muestras algunas imágenes que te inspiraron y comparas a Jacobo Montes con artistas reales. Te sientes cómodo y, por momentos, te gusta estar ahí, en el lugar del profesor, pero actuando de escritor.

Al terminar te acercas al gimnasio y pruebas la clase de Radikcal Extreme. A la media hora tienes que bajarte de la elíptica.

Le pegan a un Youtuber por insultón y pesado. La violencia nunca está justificada. Ni la de las manos, ni la de los insultos. Violentos contra violentos. Las redes sociales las carga el diablo. No cabe un tonto más.

 

Miércoles 14 de diciembre

En clase hablas sobre la Escuela de Frankfurt y la crítica al progreso. Utilizas las ideas de Adorno y Horkheimer para mostrar cómo la modernidad también acaba en la barbarie. La razón y la técnica contienen su reverso oscuro. Se forma una discusión sobre la parcialidad de tu discurso, sobre qué es izquierda y qué es derecha. Observas a los estudiantes defender sus posturas. Mejor o peor, pero intentando legitimarlas. Al final, eso también es una clase. El arte es también política. No está más allá del mundo. Por eso te alegra que en una clase de Teoría del Arte se acabe hablando sobre formas de gobierno y modos de cambiar las cosas. Mientras, en la primera fila, una alumna busca Pokémons.

Por la tarde, intentas ir al gimnasio. No lo consigues.

Al llegar a casa,  preparas la maleta para el viaje del día siguiente. Comienzas a leer Nada se opone a la noche, la novela de no-ficción de Delphine de Vigan. Te entusiasmó Basado en hechos reales. Allí escribía: “La escritura es un deporte de combate. Conlleva riesgos, te hace vulnerable. Si no, no vale de nada.” Esta novela, inmediatamente anterior, es aún más arriesgada. Cruda, dura, en el límite de la obscenidad. Escribir es jugárselo todo. Y ella es consciente: “Disparo a quemarropa y lo sé.”

 

Jueves 15 de diciembre

Te despiertas a las cinco y media de la mañana. Llueve. Viajas a Madrid en el autobús con los alumnos. Estás cansado pero no consigues dormir durante el viaje. Llegáis a medio día. Leo te acompaña. En la habitación del hotel veis cómo gana el Madrid. Después, coméis rápidamente una pizza en el Don Giovanni y te encuentras con los alumnos en el Museo del Prado. No recordabas lo cansado que era visitar museos. Terminas reventado y sales directamente hacia Tipos Infames, donde presentas tu Diario de Ithaca. Allí ya están Sergio del Molino y Javier Castro, que hacen de maestros de ceremonias. En la presentación te sientes cómodo. Estás rodeado de amigos y todo pasa en un abrir y cerrar de ojos. Hace seis años presentaste en ese mismo lugar Cuaderno […] duelo. No podías imaginar entonces que, tiempo después, Madrid sería una fiesta y que los escritores y artistas que admirabas acabarían convirtiéndose en amigos a los que quieres. Aunque sólo fuera por eso, tendría sentido la literatura.

Tras la presentación, la noche se alarga. Está Sergio, Leo, Javier, Nere, Paco, Irene, Melca, Rubi, Jordi, Eduardo, Paula… Unos se van y otros se unen. Mar, Isabel, Pablo, Aurelia… Llega Marina, a quien echas de menos este año. Natalia te dice que no le ha gustado tu novela. Pasáis por La Realidad, después por José Alfredo. Y acabáis en el Berlín hasta el fin de la noche. Allí encuentras a un doble tuyo. El mahn de AliExpress, dice Leo. El de Avellaneda, añade Eduardo. Estás reventado, pero no importa. Celebras la amistad. Una vez más.

 

Viernes 16 de diciembre

Te despiertas con menos resaca de la que imaginabas. Compras libros en La Central, comes con Leo e Isabel en un Burger y tomas un café un Luciano Concheiro, a quien ya tenías ganas de conocer. Después, sales corriendo hacia Gestiona Radio para la entrevista con Antonio Martínez Asensio. Intentas disimular la resaca. Parece que al final no se nota. Nada más terminar, te encuentras con Rubi y Jordi en la librería Alberti, donde Elvira Lindo presenta la recopilación de sus Tinto de verano. La lectura es amena y divertida. Llegan Pablo y Nere y os tomáis unas cervezas en un bar cercano. Llega entonces el resto del grupo de la presentación, incluidos Elvira y Antonio Muñoz Molina. Jordi te los presenta y hablas durante unos minutos con Antonio. Le das un ejemplar de tu Diario de Ithaca y te quedas prendado de su timidez y bonhomía.

De la noche anterior, solo quedáis Jordi y tú. Decidís continuar y os encontráis en el Érase una vez con Lara Moreno y otros escritores que vienen de la presentación del libro de Manuel Guedán. Te quedas allí hasta que cierran. Elisabeth te pregunta por tu parte favorita del cuerpo y tú, que dices “la nariz”, acabas enseñándole el ombligo. A ella y a todo el que se acerca. Después llega Anna y os abrazáis con la fuerza de la amistad y el recuerdo. Cuando os echan de allí, vagáis durante un rato buscando un bar abierto. A Jordi le cobran cuarenta céntimos por un cigarro y se le cae el mundo al suelo. Regresas al hotel andando, feliz, saboreando el fin de otra noche mágica.

 

Sábado 17 de diciembre

Quedas temprano con Alejandro en la puerta del hotel. Os reunís con Jesús para hablar de la colección que dirigís en Akal y de algunos proyectos más. La reunión es agradable y productiva, pero tu alergia a los gatos acaba por cerrarte la garganta. Se te pasa en el viaje de regreso a Murcia. No cesáis de hablar en todo el camino. Cuando acabaste la carrera, Alejandro fue el primer profesor con quien fuiste a hablar para que te recomendase alguna lectura. Él te habló de Mieke Bal. Ése es el camino, dijo. Ahora, trabajas con él y con Mieke. Una vez más, personas que quieres y admiras.

Llegáis a Murcia y os encontráis el diluvio universal. No para de llover. Todo está inundado. El cansancio te llega de pronto. Caes a la cama y te duermes antes de que tu cuerpo toque el colchón.

 

Domingo 18 de diciembre

Sigue la lluvia. Con ese ruido de fondo, pasas el día escribiendo un texto para el libro de Concha Martínez Barreto que edita Micromegas. Reflexionas en torno a una foto de la infancia en la que apareces montado en un carrito tirado por un poni. La foto abre todos los recuerdos. Y el pasado que regresa se queda contigo. Sobre todo porque en la foto hay también otra presencia. Una figura sobre la que escribes en tu novela. Una mancha en tu memoria. Una sombra que, por la noche, vuelve a aparecer en tus pesadillas.

 

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