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Aquí y ahora 24 (Diario de escritura), por Miguel Ángel Hernández

Lunes 26 de diciembre

Tu estómago no aguanta una comida más. Pero no hay descanso. Hoy, tu tío de Almería, al que hace años que no ves, pasa por Murcia y habéis organizado un almuerzo en el Yeguas. Intentas comer lo mínimo, pero cuando empiezas ya no hay solución. Acabas en la tarta de whisky.

Tu tío cuenta anécdotas de cuando se conocieron tus padres. Es ya el único testigo de un tiempo que ha desaparecido. Escuchas con atención todo lo que dice. Te gustaría grabarlo y poder resguardar el pasado antes de que se pierda para siempre.

 

Martes 27 de diciembre

Escribes temprano el diario. Después, regresas a la novela. Quieres aprovechar las vacaciones. Por la tarde intentas ir al gimnasio, pero estás inspirado en la escritura y lo dejas para otro momento. No te levantas de la silla hasta bien entrada la madrugada.

 

Miércoles 28 de diciembre

Por la mañana, Skype en la universidad con Ana, Isabel y Nekane. Preparáis vuestra residencia en Palma para el segundo semestre del año. Después, devuelves las zapatillas que compraste el jueves pasado. No te convencen del todo. Ni esas ni nada de la tienda. Te dan un vale para la siguiente compra. Eso te pasa por impulsivo.

Por la tarde, continúas las escritura. Has comenzado a situar los recuerdos del pasado entre las páginas del proceso de investigación. Tienes dudas, pero, poco a poco, todo va tomando sentido.

 

Jueves 29 de diciembre

Escribes por la mañana. Vas obteniendo el tono de la parte de los recuerdos. Segunda persona. Frases cortantes. Casi como este diario. Te encuentras cómodo con esa forma de escribir. Casi te parece natural.

A media tarde, entrevista con Christian para el diario de la Facultad de Periodismo. Hablas sobre tus inicios literarios, los temas de tus novelas o la necesidad de escribir un diario. ¿Un consejo a jóvenes escritores?, te pregunta al final. Leer, vivir y escribir. Es lo único que se te ocurre.

Visitas Maestros, la exposición de Eduardo Balanza en la Sala de Verónicas. Excepcional. La obra de Balanza te interesa desde hace tiempo. Su trabajo con lo obsoleto, lo retro, lo precario y lo analógico llega aquí a un virtuosismo y una destreza magistral. Un trabajo que en esta ocasión se vuelve a adentrar en el universo de la música a través de la exploración de los modos en los que la cultura musical configura las emociones y los imaginarios de una época. La música y, por supuesto, la tecnología. Porque, por encima de cualquier otra cosa, las obras de Balanza reflexionan sobre el modo en que tecnologías pertenecientes a tiempos diferentes se entrelazan, se confunden y colapsan. Un duelo por lo analógico, por una época que ya ha comenzado a irse y de la que sólo quedan vestigios. La sala de exposiciones, más que nunca, convertida en un precario monumento el pasado. Una memoria frágil, hecha de cartón y restos de historia.

Cenas con Marta en un restaurante junto a la sala de exposiciones. Nouvelle couisine mal entendida. Nombres largos y platos pequeños. Acabáis con ganas de pedir una pizza. Un gin-tonic perfecto arregla la noche.

 

Viernes 30 de diciembre

Tomas la decisión de dejar las redes sociales. Lo llevas pensando unas semanas y hoy ha llegado el momento. Sabes que no va a ser fácil, pero lo necesitas. Te ocupan demasiado espacio mental. Y quieres concentrarte ya definitivamente en la escritura de la novela. Hoy dejas Facebook; en breve, Twitter; después, WhatsApp; y quizá permanezca Instagram. Escribes un mensaje de despedida y te sientes aliviado de inmediato. Es como si hubieran reducido la presión de saber sobre el mundo. Como si la pantalla hubiera dejado de succionar hacia al interior y se convirtiera ahora en una superficie plana que no requiere nada de ti.

Acabas el borrador de la primera parte de la novela y lo pasas a Raquel para ver si funciona lo que has intentado hacer. Estás nervioso mientras lo lee. Y apenas puedes hacer otra cosa que esperar. Al terminar te da el visto bueno: funciona. Ya sabe lo que tienes en la cabeza. Es una primerísima versión del principio. Pero necesitabas esa pequeña prueba de fuego para saber que no estabas caminando sobre el aire. Te acuestas satisfecho. Vas a acabar el año tranquilo. Estás el en buen camino. Faltan ladrillos por poner, falta el enlucido, falta la pintura, pero el edificio se sostiene. Y eso te hace feliz.

 

Sábado 31 de diciembre

Aperitivo con Raquel y Leo. La Plaza de las Flores está tomada por los milenials. Parece un botelleo universitario. Os pasáis por el Luis de Rosario y allí os encontráis con Rosa, Mercedes y Josete. El vermut granizado se os sube a la cabeza. Aunque no tanto como el vaso de orujo de hierbas al que os invitan en el Jota Ele. Os lo rellenan hasta arriba y os animáis a felicitar el año con un vídeo.

Por la noche, cenáis en casa de Mercedes. Veis las campanas en la Primera y apenas piensas en nada mientras te comes las uvas. El año pasado, tomaste dos menos. Este has contado mal y sólo al final eres consciente de has tomado una de más. Trece. Menos mal que no eres supersticioso. El año que se va no estado mal. Lo peor es que ha pasado en un abrir y cerrar de ojos. Ithaca, los amigos, las noches, los viajes, la música, los libros, el amor…, la vida. Sientes que el año nuevo va a ser menos movido. Quizá en el fondo es lo que deseas. Más aburrimiento, menos locura, más sofá y mantita.

Al llegar a casa, comienza a dolerte la garganta y eres consciente de que la gripe también ha llegado. El estómago tampoco te acompaña. Y no duermes en toda la noche.

 

Domingo 1 de enero

Te levantas con la garganta inflamada y la barriga hinchada. Ni siquiera puedes desayunar. No te explicas cómo, a mediodía, logras comerte todo lo que te ponen en la casa de tu hermano. Incluso el postre. No tienes remedio.

Por la tarde comienzas a leer Años felices, la última novela de Gonzalo Torné. No parece un narrador español. Tiene el sabor de la novela norteamericana. La elegancia de Franzen o Eugenides. Mientras lees puedes sentir la atmósfera de la América moderna. Una novela de alta sociedad. Escrita sin complejos. Torné juega en una liga diferente. Continúa su proyecto más allá de modas y tendencias. Es su literatura. Y sabe bien al lugar al que quiere llegar.

 

 

 

 

 

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