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El Nieto del Che Guevara, por Sergio del Molino

Con Fidel Castro muerto y Cuba en el filo del cambio, aparecen dos libros y una figura que pueden ayudar a comprender Cuba y el simbolismo de Cuba en el mundo. La casualidad hizo que se lanzasen en octubre, pocas semanas antes del deceso de Fidel y de que todos los ojos se volvieran hacia La Habana.

Canek Sánchez Guevara fue, como su segundo apellido indica, el nieto del Che Guevara. Así le conocían en Cuba, como el Nieto del Che, con mayúsculas, una especie de título nobiliario que le garantizaba un trato VIP. Cuando se metía en un lío o la policía se interesaba por él, bastaba con que revisaran su documentación para que lo dejasen en paz. Suéltalo, es el Nieto del Che, decían. Nacido en 1974, no conoció a su abuelo y vivió en varios países acompañando la clandestinidad de sus progenitores (su padre era un guerrillero mexicano que se enamoró en La Habana de la que resultó ser la hija mayor de la leyenda con cuyo retrato estaba empapelada parte de la isla), hasta que en 1986 su familia se instaló definitivamente en La Habana. En 1995, su madre murió de un cáncer, y al año siguiente, con veintidós años, Canek Sánchez Guevara salió de Cuba harto de la isla, de Fidel, del comunismo y de la sombra ubicua de su abuelo. Se convirtió entonces en un renegado, como esos aristócratas con sangre de reyes que se enrolan en revoluciones, pero al revés.

Tras dar tumbos por varios países, incluyendo Barcelona, una revista le contrató para que escribiese crónicas personales sobre Latinoamérica. Viajóa por varios países, emulando a su abuelo cuando recorrió el continente en moto, y tituló sus textos Diario sin motocicleta, en un guiño malicioso hacia el Che. La editorial Pepitas de Calabaza acaba de publicar el primer volumen de esos diarios, que son los de un joven diletante, interesado por todo y por nada, irónico, divertido, buen escritor, curioso y ameno.

La publicación de estos diarios ha coincidido con otro título de Canek. 33 revoluciones, esta vez a cargo de Alfaguara. Es la novela que dejó terminada, pero que permanecía inédita, sobre sus años cubanos. Es decir: una novela sobre su adolescencia y juventud, una novela de aprendizaje y recuerdos donde el descubrimiento de la vida se funde con los primeros desencantos, y esos desencantos tienen que ver con una sociedad que le pareció asfixiante.

“Ser el Nieto del Che fue sumamente difícil; yo estaba acostumbrado a ser yo, a secas y de pronto comenzó a aparecer gente que me decía cómo comportarme, qué debía hacer y qué no, qué cosas decir y qué otras callar”, confiesa en texto titulado “¿Quién soy yo?”, incluido en Diario sin motocicleta.

Celebrado por John Lee Anderson y por compatriotas suyos como Wendy Guerra, Canek Sánchez Guevara murió en Ciudad de México de una complicación cardiaca en enero de 2015, cuando estaba a punto de cumplir cuarenta años y empezaba a ser reconocido como escritor (había publicado un volumen de poesía y una investigación sobre su abuelo, entre otras cosas). Dejó esta novela póstuma, a modo de autorretrato, pero también como una ventana a la que asomarse a una Cuba que ya no existe en parte pero que sigue explicando la de hoy. Una lectura más que pertinente para estos días.

 

 

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