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Humo americano, por Sergio del Molino

Es una suerte para los escritores de viajes que todo el mundo viaje ahora, que no haya lugares exóticos ni incógnitos y que sus lectores puedan recorrer los lugares de los que escriben con la misma libertad y gusto que los recorren ellos. El turismo ha eximido a la literatura de viajes de la obligación del descubrimiento y de dar noticia de un país extranjero. La gente, por suerte, ya no lee libros de viajes para informarse sobre un sitio que nunca va a pisar, sino por otros motivos mucho más relacionados con el placer y el vicio lector. Es una prueba más de que la literatura siempre mejora cuando pierde su carácter utilitario y se escribe y se lee porque a alguien le ha apetecido escribirla y a otro alguien, igual de caprichoso y voluble que el anterior, le ha apetecido leerla.

American Smoke, viajes al final de la luz es uno de esos libros que los aficionados al género no deberían perderse, pero tampoco los aficionados a la buena literatura, si queda alguno por aquí. De su autor, Iain Sinclair, apenas teníamos referencias en España hasta que Javier Calvo, su ahora (soberbio) traductor le visitara en su casa de Londres y nos ofreciese parte de su conversación en la revista El Estado Mental. Ahí tuve yo la primera referencia de este escritor, y Calvo, que lleva mucho tiempo siendo un admirador suyo, consiguió contagiarme su entusiasmo. Es una suerte que empiecen a traducirse sus libros, la mayor parte de ellos hasta ahora inéditos en español.

Dicen que este American Smoke (un acierto haber dejado el título en inglés) es un libro atípico en un autor que ha consagrado casi toda su obra a Londres. Hay que aclarar que Iain Sinclair escribe desde la psicogeografía, eso que empezaron a explorar los situacionistas parisinos y que no es más que agotar las posibilidades de un sitio, dibujar mapas literarios sobre los mapas reales, con una intención final que siempre es política. A medio camino entre la literatura y la performance, es una forma de escribir que no se contenta con el libro, sino que busca intervenir y cambiar. En concreto, Sinclair es un teórico del paseo. En sus libros desarrolla la idea del paseo como forma de resistencia y lucha política en unas ciudades que se han convertido en territorios hostiles para la vida. Sinclair pasea por lugares que no están pensados para los peatones: autopistas de circunvalación, túneles, calles sin aceras, barrios industriales, etcétera. Pasear es recuperar la ciudad. Durante la fiebre de los juegos olímpicos de Londres, por ejemplo, recorrió el Támesis en una barca a pedales con forma de cisne de las que se usan en los lagos.

No hace esas cosas en American Smoke, que es un libro de viajes mucho más convencional en ese sentido. En su salto al otro lado del charco, recorre sus mitos literarios. Los escenarios de esos mitos, de costa a costa. Los lugares donde vivieron y escribieron los autores que lo forjaron como letraherido y escritor. Es, por tanto, un viaje entre fantasmas: poco queda de lo que fueron, apenas un rastro, un humo americano. Como cualquier lector sagaz adivina enseguida, Iain Sinclair está viajando por sí mismo, poniendo en solfa el ingenuo que fue, contándonos su propia biografía intelectual y su diálogo con la tradición americana del siglo XX. Y todo empieza con Charles Olson, quizá uno de los mitos más importantes de la cultura contemporánea, una de las almas del Black Mountain College, esa especie de Residencia de Estudiantes norteamericana por donde pasaron los mejores poetas y artistas de la segunda mitad del siglo XX, incluyendo a William Carlos Williams o a John Cage.

Tiene algo de hipnótico, algo de esa literatura pasional y furiosa que dejó de escribirse después de la generación beat, aunque a la vez es muy reflexiva y honda. Para mí, el libro de viajes de este verano, el que debería ir en la maleta de cualquiera que tenga pensado cruzar el charco y recorrer el país de las barras y estrellas.

 

 

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