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Palabras mayores, por Sergio del Molino

Hay muchos libros que se pierden en la competencia por encontrar unos centímetros en las mesas de novedades. Libros importantes que, tal vez, no tuvieron la suerte de encontrar el lector adecuado. Qué sé yo cómo funciona esto, si los que sí saben cómo funciona a menudo dan palos de ciego. Lo que sí sé es que hay prejuicios más oscuros que muchas formas de ceguera, y que un libro que se vende como un compendio de historias de ancianos del campo español no tiene muchas posibilidades de entusiasmar a los críticos de moda. Y si su autor es un periodista de provincias, que lleva temas de cultura en El Diario de León, y su editor un señor de Logroño que dirige una empresa llamada Pepitas de Calabaza, cuyo lema es “una editorial con menos proyección que un Cinexín”, apaga y vámonos.

Si queda alguien leyendo este párrafo después de lo que he escrito en el primero, enhorabuena, usted es de esos pocos españoles capaces de trascender su prejuicio. Puedo recomendarle ya, sin más miramientos, Palabras mayores, de Emilio Gancedo, un libro excepcional en muchos sentidos, que (justo es reconocerlo) yo no habría leído si no hubiera escrito antes otro libro titulado La España vacía. Emilio me hizo una entrevista para su periódico, y me regaló un ejemplar dedicado. Este viernes, en su ciudad de León, conversaremos al fin en torno a nuestros dos libros, pero antes quería traerlo a este juicio final, por aquello de dictar una sentencia que repare en parte la injusticia de que Palabras mayores no haya tenido mucho más eco. Ya conversamos, por cierto, hace unas semanas en el programa Millennium, de TVE 

Emilio Gancedo escribe en un castellano que ya no se lee en esta España donde tantos suenan a traducciones al español de Paul Auster. Hay una delicadeza pictórica en su forma de retratar, y su estilo y su léxico son los de un contador de historias que a ratos suena a buhonero, a ratos a Azorín. El libro es en verdad un filandón, que es una tertulia típica de las tierras de León, que se celebra en invierno, después de cenar, mientras las mujeres hilan. Las historias se enlazan como los tejidos, mientras el fuego chisporrotea, y se confunden verdades y mentiras, y monstruos de fantasía con monstruos reales. Palabras mayores está construido como un filandón de páginas que, en forma de viaje por España, enlazan las vidas de personajes sobre los que no repara casi nadie, pues son ancianos y parecen el sobrante de la sociedad. Sin embargo, Gancedo cree que son depositarios de algo a punto de extinguirse, un universo rico al que poca gente ha prestado atención. Palabras antiguas, no sólo mayores, que dan testimonio de un mundo que desapareció, como el ayer de Stefan Zweig.

Hay aventuras increíbles, emigrantes de ida y vuelta, pícaros, supervivientes, tristezas inverosímiles, locuras entrañables y amores tristansoldianos. Todo unificado por la prosa paciente y rumorosa de Gancedo, que une con fuerza un relato que a otros narradores se les deshilacharía. El autor pasó seis meses viajando por España, entrevistándose largamente con sus personajes, conociéndolos y comprendiéndolos.

Voy a terminar con un tópico: si Gancedo fuera norteamericano y este libro recogiese historias del interior de su país, hoy llevaría una pegatina en la portada que lo acreditaría como ganador del Pulitzer. Pero ha tenido la desgracia de trabajar en un lugar donde muy pocos están dispuestos a celebrar un periodismo así.

Lo celebraremos por nuestra cuenta este viernes 16 de diciembre, a las 20, en el Palacio Gaviria (Colegio Oficial de Arquitectos de León), por si están en la ciudad y quieren acompañarnos.

 

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