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Últimas noticias de Sergio Chejfec, por Sergio del Molino

Con la muy notable excepción de un generoso artículo de Antonio Muñoz Molina en El País, tengo la sensación de que este librito (poco más de cien páginas, apenas un opúsculo) está pasando desapercibido en España. Últimas noticias de la escritura, de Sergio Chejfec (Jekyll & Jill Editores), es uno de esos ensayos literarios que tienden a hacer que los críticos tuerzan el gesto porque no son ni una cosa ni la otra ni la de en medio. Sergio Chejfec es también un escritor que tiende a hacer que los críticos tuerzan el gesto porque no es ni una cosa ni la otra ni la de en medio. Es difícil explicar qué es este libro, como lo es explicar a Sergio Chejfec, un autor que es su propio género, así que ni lo voy a intentar. ¿Saben por qué? Porque el libro me ha gustado mucho. Muchísimo. Lo leí de un tirón en un viaje en tren y doblé casi todas sus esquinas. Y como me ha gustado tanto, no voy a malvenderlo. Ya vengo escarmentado. Cada vez que he hecho proselitismo de la literatura de Chejfec la cosa ha salido mal. No sé qué esperaban quienes me hacían caso. Mira que uso las palabras inclasificable e incluso raro, pero no hay forma, me devuelven la recomendación. Algunos, hasta me piden explicaciones, como si yo fuera El Corte Inglés y pudiera reintegrarles el dinero. Como conozco a otros chejfequianos que son mucho mejores apóstoles que yo, les dejo a ellos el trabajo, que a mí no me entienden. Está claro que no sé contagiar mi entusiasmo por los libros de este autor. Sus novelas, en España, las edita con mucha diligencia y cariño, la editorial Candaya. Por si gustan.

Estas Últimas noticias de la escritura, sin embargo, son especiales y merecerían una lectura por sí mismas, aunque no estén interesados en el resto de la obra del autor. Son una reflexión sobre la naturaleza de escribir. De escribir a mano. Es la historia de un cuaderno de tapas verdes y de cómo ese cuaderno acompaña al escritor y le influye y le condiciona y le cambia. Párrafo tras párrafo, Chejfec reflexiona sobre cómo la caligrafía, el papel, la tinta, los soportes, los manuscritos, el concepto de original y la forma en que la escritura se ha desmaterializado influyen en la forma que tenemos de mirar (más que leer, aquí el verbo sería mirar) la literatura. Pasa revista a las reflexiones de otros autores y, sobre todo, repasa las intervenciones que el arte contemporáneo ha hecho en este tema.

No es un canto nostálgico ni ludita. No es la enésima vindicación empalagosa del mundo de ayer que Google exterminó. No son achaques de un anciano con un cuadernito. Es un puñado de pensamientos vigorosos y muy pertinentes sobre qué significa escribir. Como un vistazo al taller de la escritura (no a un taller de escritura, cuidado), una especie de tratado de ingeniería del escribir que, en su rigor, su erudición y su audacia, acaba siendo bellísimo.

Pero no me hagan caso, que yo no sé recomendar libros de Chejfec. Sé leerlos. De un tirón. Y sé correr después a mis cuadernos de notas con mi letra mostrenca para preguntarme si hay en ellos una literatura que no está en los libros que escribo en el ordenador, o en este texto que ahora mismo enviaré por correo electrónico y no conocerá la inmortalidad falsa del papel.

 

(Fotografía de Jekyll & Jill Editores.)

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