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Entrevista a Pedro Mairal, por David Pérez Vega

Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) ganó el Premio Clarín en 1998 con su primera novela, Una noche con Sabrina Love. En el jurado del premio se encontraban escritores de la talla de Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Otras de sus novelas son El año del desierto (2005), Salvatierra (2008) y La uruguaya (2016). También ha publicado el libro de cuentos Hoy temprano (2001) y los poemarios Tigre como los pájaros (1996), Consumidor final (2003) y la trilogía Pornosonetos (2003, 2005 y 2008). En 2007 fue incluido en la lista de los 39 mejores escritores jóvenes de América Latina por el Hay Festival de Bogotá.

Mairal trabaja como guionista y escribe para distintos medios de comunicación.

Su novela La uruguaya ha sido publicada en España en 2017, en la editorial Libros del Asteroide.

Si deseas leer la reseña que escribí sobre La uruguaya puedes hacerlo pinchando AQUÍ.

 

En tus anteriores novelas (Una noche con Sabrina Love, El año del desierto o Salvatierra) el lector no sentía de forma directa la posible conexión entre personaje y autor. En cambio, en La uruguaya, Lucas Pereyra –su protagonista‒ es un escritor cuarentón, que en algún momento de su pasado ha escrito una novela que se puede interpretar bajo «el prisma del eje civilización y barbarie», datos que un lector conocedor de tu obra podría relacionar contigo. ¿Hasta qué punto has querido jugar a la autoficción en La uruguaya? ¿Cuánto tiene Lucas Pereyra de ti mismo?

El personaje de Lucas tiene mucho de mí, pero también muchas cosas inventadas. Trabajo con mi experiencia personal y con lo que llamo la periferia de la experiencia, es decir, lo que casi me sucede, lo que me podría haber sucedido, lo que temía que me sucediera, lo que deseaba que me sucediera… También tomé aspectos míos y los radicalicé o los exageré. Por eso hay algunas cosas de Lucas que me caen un poco mal, por ejemplo su diatriba contra la paternidad. Pero igual se cruzan mucho personaje y autor. Cuando se publicó el libro, con mi mujer tuvimos que hacer un asado de domingo con las familias para desmentir la novela. Y no sé si nos creyeron.

 

En La uruguaya podemos leer: «La plata estaba en mi infancia, me rodeaba, me recubría con buena ropa, cuadras de un barrio seguro en Capital, alambrados de fin de semana, cercos de clubes, ligustros bien podados, barreras que se levantaban a mi paso. Y yo después me había dado el lujo de hacerme el descarriado, el artista sin empuje empresarial, el bohemio. Era un lujo más. El hijo sensible de la alta burguesía, pero el precio de mi bohemia se empezaba a pagar ahora. Era a largo plazo. Un resbalar gradual». ¿Alguna vez, como Lucas Pereyra, has sentido que tu escritura era «un lujo más» del que poder arrepentirse en la vida adulta?

No podría arrepentirme nunca de mi escritura. La literatura me salvó. Me convirtió en lo que soy. Me ayudó a atar mis cabos sueltos, a vivir con mis dudas, con mis contradicciones. Sin la literatura sería un tipo muy infeliz. Escribir me hizo fuerte. Entrar en la palabra fue lo más importante que me sucedió, después del nacimiento de mis hijos.

 

En La uruguaya podemos leer también una divertida diatriba contra los médicos. Si no estoy mal informado, tú provienes de una familia de médicos, empezaste estudios de medicina y los abandonaste. ¿Cómo fue recibido en tu familia este abandono de la medicina? ¿Fue bien entendida tu vocación literaria?

Les dio mucha incertidumbre a mis padres, me acuerdo. Tardé mucho en confesar que había largado la carrera de Medicina, iba a la facultad, a la cafetería, simulaba, me engañaba a mí mismo, o creía que lo hacía. Ahí empecé a leer mucho, desesperado, en la soledad de la mentira. Después se descubrió mi engaño en casa y hubo conflicto, duro, silencioso. Pero cuando me resolví a estudiar Letras y a escribir les pedí a mis padres que fueran a ver la película La sociedad de los poetas muertos, donde un chico se suicida porque no lo dejan estudiar teatro. Funcionó. Volvieron mis padres del cine convencidos de que era importante que yo estudiara lo que quisiera.

 

La uruguaya es una novela corta. ¿Cuáles son tus novelas cortas favoritas?

El viejo y el mar. La invención de Morel. El extranjero. El coronel no tiene quien le escriba. Distancia de rescate, de Schweblin. La vida privada de los árboles, de Zambra…

 

En la solapa de La uruguaya podemos leer: «Trabaja como guionista y escribe para distintos medios de comunicación.» ¿Podrías hablarnos de estos trabajos que realizas y que no son estrictamente literarios? ¿Cuál es tu relación afectiva con ellos? ¿Desearías vivir sólo de la literatura?

En casa no había tradición de artistas. Las artes se dejaban de hobby de fin de semana. Mi abuelo materno era pianista, mi abuelo paterno pintaba bien, pero no hicieron de eso su vida. Yo tuve que inventarme a mí mismo una forma de ser en la escritura, una forma de ganarme la vida. Di clases de redacción para abogados, di talleres literarios, escribí para cine, para periodismo. Un poco de todo. Y no me fue mal. En torno a la palabra hay mucho trabajo, si uno escribe, si uno pone correctamente una frase tras otra, si uno puede articular un texto, entonces puede trabajar en diversos lugares, porque no todo el mundo puede hacer eso. Cada trabajo que hice me gustó y me enseñó cosas. Me sirve salir de casa, salir del ombliguismo al que puede llevarte la escritura a veces. El periodismo sobre todo me obligó a irme hacia temas que nunca hubiera tocado por mi cuenta.

 

En 1998, con veintiocho años, tu novela Una noche con Sabrina Love gana el Premio Clarín. En el jurado se encontraban escritores de la talla de Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. ¿Cómo fue poder hablar con ellos, entrar de repente en el parnaso de la literatura? ¿Qué expectativas te creo aquello? 

Fue breve ese encuentro en la noche del premio, pero muy importante para mí. Como un mundo al revés, donde Roa Bastos me cedía a mí la silla y Bioy Casares me hablaba de mi novela. Yo tenía 28 años y no terminaba de entender todo eso. Fue muy conmovedor. Necesité tiempo para procesarlo y para volver a escribir. Hubo mucha exposición, se hizo una película con Cecilia Roth, publiqué en una gran editorial… Necesité recuperar cierto silencio mental de escritura para seguir adelante. Me enfrasqué en mis cuentos y mis poemas. Tardé siete años en publicar otra novela. Y fue El año del desierto.

 

Tus libros se han publicado hasta ahora en editoriales diferentes. La uruguaya aparece en Emecé de Argentina. En el programa de televisión Los siete locos declaras que Emecé quiere reeditar tus libros anteriores. ¿Sabes ya el orden de reaparición que van a tener esos libros en Argentina y el tiempo que pasará entre la salida de uno y el siguiente?

Salió El año del desierto, después La uruguaya, luego Salvatierra. Ahora se acaba de editar Maniobras de evasión. Van a salir Una noche con Sabrina Love en septiembre de 2017, y el año que viene mis Pornosonetos y Hoy temprano.

 

He leído cuatro de tus novelas. Cada una de ellas ha aparecido en España en una editorial diferente. ¿Has echado de menos una relación más estable con los editores españoles? ¿Hay algún plan para que tus novelas antiguas (como ocurre en Argentina) se rescaten en España y puedan llegar a ellas nuevos lectores? ¿Veremos algún día tus libros de poesía o de relatos en España?

Entiendo que Libros del Asteroide va a recuperar el fondo editorial y va a ir publicando mis libros anteriores. Es una editorial que trabaja muy bien, cuida mucho los libros en su difusión y distribución, y hace unos libros muy hermosos.

 

En 2007 fuiste seleccionado en el Hay Festival de Bogotá como uno de los 39 escritores hispanoamericanos menores de 39 años con más talento. En 2017, el Hay Festival ha vuelto a hacer pública una nueva lista. ¿Hay algún nombre en ella que te gustaría destacar, algún escritor o escritora joven al que hayas leído y nos quieras recomendar?

Por supuesto, Mauro Libertella, Samantha Schweblin, Zúñiga, Liliana Colanzi.

 

Además de novelas, has escrito cuentos y poesía. ¿Qué género prefieres como lector?

Depende del día. Para leer poesía necesito estar tranquilo, dispuesto a entregarme a no entender del todo. Diría que la poesía es el género donde más significados y ecos y fuerza verbal encuentro. Es la experiencia de lectura más intensa.

 

¿Puedes hablarnos de tu particular canon literario argentino?

Tengo un cruce de la gauchesca (Martín Fierro, Don Segundo Sombra) con la poesía (Giannuzzi, Francisco Madariaga, Enrique Molina) y Borges (que es un género en sí mismo) y también los cronistas más crudos como Arlt. Y la gracia verbal de Cortázar. Y la insistencia de Saer. La perspicacia de Hebe Uhart. La libertad de Aira. Admiro a todos ellos.

 

¿Cuáles son tus escritores favoritos, dejando fuera Argentina?

García Márquez, Neruda, César Vallejo, Quevedo, Guimãraes Rosa, Salinger, Camus, Joyce, Shakespeare…

 

¿Estás escribiendo ahora algún nuevo libro? ¿Puedes hablarnos de él? 

Estoy con la versión en guión de La uruguaya que va a hacer Diego Peretti, y que va a musicalizar con una canción Jorge Drexler. En cuanto a lo literario, si cuento lo que estoy escribiendo, se le va la fuerza. Tiene que ser un secreto.

 

Muchas gracias, Pedro.

 

Fotografía: Bb Tesio

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