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Los diarios de Emilio Renzi (Los años felices) de Ricardo Piglia – Una lectura de David Pérez Vega

Los diarios de Emilio Renzi (Los años felices), de Ricardo Piglia

Editorial Anagrama. 419 páginas. 1ª edición de 2016.

Ya comenté hace unos meses que compré, poco después de aparecer en las librerías, este segundo volumen de los diarios de Ricardo Piglia (Adrogué, Argentina, 1941 – Buenos Aires, 2017), aunque tenía el primero en casa aún por leer. Lo compré en La Central de Callao y, a pesar de que había pasado ya más de un año desde su adquisición, cuando lo empecé a leer, volví a La Central para ver si me lo cambiaban por otro: las hojas finales habían salido con un error de imprenta y estaban un tanto dobladas. No hubo problemas. Aunque no conservaba el ticket de compra, el libro seguía teniendo marcado el precio con una etiqueta de La Central, y al ser socio estaba registrado el día de la compra.

No he leído los dos volúmenes de los diarios seguidos. Preferí acercarme a la lectura de dos novelas entre medias. (Si alguien quiere leer mi comentario de Años de formación que pinche AQUÍ).  A veces el tono de un diario puede acabar siendo repetitivo y cuando me he acercado a ellos, si eran bastante largos, introducía otras lecturas entre un año y otro (por ejemplo, esto lo hice con los Diarios de Victor Klemperer).

Años de formación empezaba con un prólogo y acababa con un epílogo, escritos en la época de la publicación del Diario y no en la de su escritura, que ayudaban al lector a contextualizar lo leído. En Los años felices sólo hay un prólogo que, como el de libro anterior, tiene que ver con Emilio Renzi bebiendo en un bar. Sin embargo, en esta ocasión ha desaparecido la figura del narrador dentro de la historia (que podríamos identificar con el propio Piglia) y nos acerca a Renzi una voz más neutra, fuera del contexto pasado, y apegada al discurso de Renzi. En este prólogo se le explican al lector algunos acontecimientos vitales que tienen lugar en las páginas que va a leer y que le servirán para aclarar la relevancia de las anotaciones. Uno de estos hechos importantes será el cambio de domicilio cuando los militares entran en su portal para buscar a una pareja, que puede ser la que forman él y su novia o no. Otro de los acontecimientos adelantados en este prólogo es que Julia, su pareja, le dejará, porque tras leer su diario descubre que Emilio ha iniciado una relación con Tristana, una de sus amigas.

Efectivamente en el Diario se narra la separación con Julia y el comienzo de nuevas relaciones amorosas para Emilio, pero lo cierto es que no me ha parecido que se hablara previamente de ese acercamiento a Tristana, que descubrirá Julia al leer el Diario. Esto me hace pensar que Los diarios de Emilio Renzi, que el lector tiene en sus manos al acercarse a los ejemplares de Anagrama, están editados por el propio Piglia.

En algún momento, estaba pensando que se centra mucho en describir su relación con la literatura y con otros escritores, y ahora, que me he sentado a escribir sobre el libro, especulo con la posibilidad de que los Diarios estén expurgados, y que Piglia haya querido mostrar al lector principalmente la parte que le parecía relevante, la relacionada con sus reflexiones de escritor o interacciones con el mundillo literario argentino. El otro día (respecto a la escritura de esta reseña no a su publicación) lo comentaba en su muro de Facebook el escritor argentino Tomás Sánchez Bellocchio que andaba leyendo el primer volumen, que le parecía que la prosa era demasiado homogénea como para no pensar en un proceso de reescritura posterior.

Años de formación abarcaba el periodo 1957-1967 y Los años felices nos acerca al Emilio Renzi de 1968-1975. Menos años y más páginas para contarlos.

Si al finalizar Años de formación, el joven Renzi hacía la audaz afirmación de que en diez años iba a ser el mejor escritor de Argentina, en Los años felices nos encontramos a un Renzi enfrascado en la escritura de una novela, cuya idea ya se anunciaba en el volumen anterior, sobre unos delincuentes que, tras atracar un banco, huyen a Uruguay. Después de años de trabajo, en más de un caso, Renzi siente la tentación de abandonar el proyecto porque no se siente satisfecho de las páginas que escribe. Imagino que esta novela será al final, cuando se publique, años después, Plata quemada. También parece que se ha embarcado en la escritura de Respiración artificial. Si de la primera novela se habla del argumento y de las dificultades técnicas, pero no se da el título, de la segunda se da el título pero se habla mucho menos de ella. En los años finales de este libro, Piglia volverá a escribir relatos. Un volumen de relatos será lo que conseguirá ver publicado (quitando los ensayos y reseñas de libros) durante este periodo feliz de su vida.

Pese a algunas privaciones, la situación económica de Renzi parece más estable que durante la etapa anterior. El peor momento económico lo vivirá cuando Jorge Álvarez, editor para el que trabaja, después de una época de despilfarros, se ve forzado a cerrar su negocio. Pero esto no dudará mucho. Durante estos años se ganará la vida trabajando como articulista, editor (principalmente de una colección de libros policiales), dando charlas (a un grupo de médicos les hablará de filosofía), clases o conferencias en la universidad. En más de un caso, estas ocupaciones, pese a ser cercanas a su quehacer literario, las vive como un incordio que le impide dedicar todos sus esfuerzos a la creación.

Aunque Piglia ha decidido subtitular este volumen del diario con la apostilla de Los años felices, en más de un caso no parecen tales. Sobre todo al principio, Piglia describe algunas sensaciones (mareos, visión distorsionada, movimientos extraños en los límites de la visión…) que parecen estar acercándole a alguna crisis de locura angustiosa.

Si bien una de las anotaciones de Años de formación decía: «Vivir sin pensar, actuar con el estilo sencillo y directo de los hombres de acción», ahora, con la madurez, el enfoque sobre lo que quiere escribir en sus diarios parece cambiar: «Estos cuadernos pararán a ser un archivo o un registro de mi educación sentimental, por lo tanto estarán hechos básicamente con la reflexión sobre lo sentimientos y estarán apenas cruzados por actos o hechos o palabras sobre mí mismo.» (pág. 44)

Aunque ya he apuntado que las entradas escritas en Años de formación son sorprendentemente maduras para alguien que empieza a escribir su diario a los dieciséis años, aunque algo dispersas, sobre todo al principio, éstas se vuelven más coherentes y extensas en Los años felices. En la cita del párrafo anterior, parece que Piglia pretende hablar en sus cuadernos de una «educación sentimental», pero a la larga, más bien va a centrarse en una educación literaria. Se hablará de mujeres, por ejemplo, pero durante la primera mitad del libro su relación con Julia, su pareja, ocupa muchas menos páginas que su relación con los amigos escritores. Después de la ruptura con Julia, se registrarán con mayor minuciosidad sus relaciones con otras mujeres y las noches de deambular solo por la ciudad. De su familia hablará poco, pese a que durante estos años muere su padre, con el que nunca tuvo una buena relación. La literatura, apunta Renzi, siempre ha sido una forma de ausentarse de la vida cotidiana.

Miguel Briante, amigo y habitual de las páginas de Años de formación, aparecerá menos durante estos años. La figura del amigo escritor y confidente será tomado ahora, sobre todo, por David Viñas, catorce años mayor que Renzi. Pese al cariño que le procesa, la figura de Viñas será cuestionada en más de una anotación aquí: Viñas es narcisista, inseguro; vivirá siempre agobiado por el miedo al fracaso literario y la necesidad de dinero, lo que ‒según Renzi‒ le lleva a escribir demasiado y en poco tiempo. Y esto por no hablar de su obsesión negativa hacia Julio Cortázar, a quien Viñas siente como un rival demasiado poderoso. Renzi también se relacionará aquí con Manuel Puig, al que admira de forma más clara. Pese a que Puig no es un gran lector, Renzi sí que le siente como un verdadero escritor intuitivo, con gran oído para el lenguaje oral.

También poblarán estas páginas, a veces como figurantes, escritores como Jorge Luis Borges (que parece en decadencia tras su ceguera y libros como El informe Brodie), Haroldo Conti (que parece repetir las claves de sus éxitos pretéritos en obras como En vida), o José Bianco, al que Renzi dedica grandes elogios.

También aparecerá aquí el escritor Andrés Rivera (que murió hace poco), que no es muy conocido en España, pero cuya novela El Farmer me parece una gran obra.

Si bien la figura por la que parecía sentir una gran curiosidad, como prototipo del hombre de acción, en Años de formación, y de la que hablaba en muchas de aquellas páginas, era la de un amigo delincuente, en Los años felices el delincuente ha dado paso a la figura del revolucionario clandestino, que ha de vivir una doble vida. Los años de las dictaduras militares y su violencia acaban cobrando cuerpo en estas páginas. Serán muchas las charlas con los amigos sobre el papel de la literatura en la política. Frente a la opinión de otros escritores, según los cuales la literatura debe ser social y política, Renzi defiende la idea de acercar una idea más pura de la literatura hacia el mundo de los lectores políticos. Renzi tendrá amigos cercanos a la vida clandestina de la izquierda, pero, sobre todo después de un viaje a Cuba, el caso Padilla y la invasión rusa de Checoslovaquia (con el apoyo de Cuba), Renzi se distanciará de un posible entusiasmo inicial hacia la Revolución Cubana.

Me han gustado mucho las anotaciones que Piglia hace sobre la novela policiaca (cada vez me apetece más leer todas las novelas de Raymond Chandler) o el elogio de Adán Buenosaires de Leopoldo Marechal (libro que tuve en mis manos, a buen precio, cuando viajé a Argentina en 2009 y que, erróneamente, no me decidí a comprar).

El libro está plagado de reflexiones brillantes. Dejo aquí algunas:

«La historia literaria es siempre una condena para el que la escribe en el presente, allí todos los libros están terminados y funcionan como monumentos, puestos en orden como quien camina por una plaza en la noche. Una «verdadera» historia literaria tendría que estar hecha sobre los libros que no se han terminado, sobre las obras fracasadas, sobre los inéditos: allí se encontraría el clima más verdadero de una época y de una cultura.»

«Todos nosotros nacemos en Roberto Arlt: el primero que consiga engancharlo con Borges habrá triunfado.» (¿Podemos pensar en Roberto Bolaño?)

«Entre ganarnos la vida y sacarnos de encima la realidad, se nos va la juventud.»

«Las novelas se leen porque son el único modo de ver a una persona por dentro. Yo conozco mejor a Anna Karénina que a la mujer con la que vivo hace años.»

«Necesito entrar en una librería, verificar que los libros están ahí, que hay lectores que los compran, se los puede hojear, son siempre los mismos títulos, revisados veinte veces en una semana. Son objetos reales y entonces es posible pensar que tiene sentido perder en ellos la vida.»

Me ha gustado más Los años felices que Años de formación. Este segundo volumen es más compacto y parece mejor articulado que el anterior. Para mí, como amante de la literatura argentina, ha sido fascinando poder adentrarme en las calles de Buenos Aires de la mano de Piglia y ver el retrato que hace de muchos escritores a los que yo he leído. El tercer volumen aparecerá en septiembre de 2017. Ya lo estoy esperando.

2 Discussions on
“Los diarios de Emilio Renzi (Los años felices) de Ricardo Piglia – Una lectura de David Pérez Vega”
  • Aprovecho este lugar, desde el que puedo extenderme más que con Twitter.

    Reitero mi enhorabuena por el fino ojo de David a la hora de escudriñar en esa reflexión de Piglia que, a mí también, me dejó pensando un buen rato: «Todos nosotros nacemos en Roberto Arlt: el primero que consiga engancharlo con Borges habrá triunfado.» (¿Podemos pensar en Roberto Bolaño?). Claro que podemos pensar en Bolaño, y una vez abierta la grieta lo único que me duele es no haberme dado cuenta de algo que ahora me parece evidente. Parece que, de un tiempo a esta parte, se está extendiendo una corriente que pretende quitar al chileno todo el mérito contraído en su frenética carrera contra la muerte, casi contra la Literatura. Se le pretende hacer culpable de hechos que, por supuesto, ni tienen que ver con él, ni seguramente le habrían gustado. El revuelo estadounidense, seguramente más una cuestión de marketing que literaria; el vodevil en el que se ha convertido todo lo que rodea a su legado, con aquellas series de sonrojantes cartas acusadoras; las ansias por recuperar bocetos de entre sus cajones (no he leído la última, pero la de la ciencia ficción no pasa de unos apuntes ordenados quién sabe por quién). Más de dos y tres artículos he leído en los que se ataca a Bolaño casi con los mismos términos con los que se atacaba a Arlt, en los que se lo ningunea y se lo tacha de mal escritor; pero, como decía Piglia del argentino, todo el mundo es capaz de coger una página de Bolaño y corregirla, mas a ver quién es el guapo que la escribe.

    Mi primo me preguntaba, el año pasado, si el tiempo acabará poniendo a Bolaño en el lugar que le corresponde. Yo estoy seguro de que así será. Ni tanto como pretendieron las editoriales yankis, ni tan calvo como apuntan los tristes, los oportunistas, los envidiosos. Tan cierto es que, si uno se acerca a Ibargüengoitia, al mismo Piglia, por ejemplo, la supuesta originalidad (pero qué es la originalidad, quién es original) bolañesca pierde fuerza, como que el principal problema, a mi entender, es que quien apunta las criticas en ese sentido, o en el de la calidad intrínseca, yerra totalmente el tiro: para Bolaño la Literatura era la Vida; el valor más importante de Bolaño es la pasión desbordante por la Literatura que contagia cualquier escrito suyo (reconozco que no soy parcial, ni mucho menos: en una de las épocas en las que anduve enfermo de Roberto decidí, a mis 34 años, arrancarme con la carrera de filología).

    Y en ese sentido, la vida y la obra de Bolaño enlaza también un poco con la de Piglia, al menos con la que se nos cuenta en estos diarios. Si Bolaño es casi el nuevo Arlt (aunque con una pizca de Borges), Piglia sea seguramente el nuevo Borges, quien recoge el testigo de aquel gran lector que sabía encontrar entre líneas sutilezas que luego se nos hacían tan obvias como el hallazgo antes comentado de David Pérez Vega. El sabio, el escritor, el divulgador. Quien decidió desde bien joven que se dedicaría a la literatura y no cejó en su empeño, encaminó toda su vida en esa dirección. Piglia, en un sentido, es la literatura. Bolaño, en otro, también lo es. Seguramente el argentino, al final de sus días, viendo como la maldita ELA lo iba arrinconando, se vio reflejado en Borges: ya no podía escribir por sí mismo; ya debía dictar; ya, seguramente, habían pasado sus mejores años, su mejor estilo, a causa de una enfermedad. Seguramente también se vio reflejado en Bolaño: envuelto en una cruel carrera contra la parca para ver quién llegaba antes, si ella o sus diarios, igual que he imaginado mil veces a Bolaño escribiendo, afiebrado, su 2666 antes, seguro que mucho antes de lo que a él le hubiese gustado, para asegurar un futuro a sus hijos. Seguramente, por qué no, también se vio reflejado en Arlt: al menos algún exabrupto, algún insulto porteño que otros confudirían con el lunfardo, debió de escuchársele ante tanta injusticia.

    La historia se repite, y lo único que podemos hacer es dar las gracias por la generosidad de estos tres genios (y tantos otros más).

  • Hola Miguel:

    Disculpa que no he podido contestar antes (estaba de viaje). Me alegra que te hay gustado el comentario sobre Roberto Bolaño. Como apuntas, las críticas a la obra de Bolaño a mí también me parecen, en muchos casos, fuera de lugar.
    Siempre que alguien tiene éxito en el mundo literario se produce una reacción en contra. Hay reacción contra la obra de Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa y ahora pasa lo mismo con Bolaño. En el mundo literario es frecuente escuchar quejas sobre la poca literatura de calidad que se lee, pero cuando ocurre que un escritor de calidad sí que es leído entonces se trata de rebajar el valor de su obra, porque que te lean es propio de escritores malos (los “bestseleros”), apuntando la idea subterránea de que la literatura debe ser algo elitista (te quejas de que no se lee, pero en cuanto al autor que te gusta le lee más gente le rechazas porque entonces no es verdaderamente “literario”).

    Bueno, pues ya queda poco para el tercer volumen de las memorias de Piglia. A esperar.

    Saludos
    David Pérez

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