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Gonzalo Maier: el lector doméstico

«Hay una libertad enorme en esta novela venturosamente rara de Gonzalo Maier». Lo dijo Alejandro Zambra sobre Leyendo a Vila-Matas, la primera novela de Gonzalo Maier. El escritor chileno regresa a imprenta —y debuta en España— con Material rodante, publicada por Minúscula. El narrador de este curioso libro responde a una extraña pregunta: ¿qué sucede en los tiempos muertos? La vida es la respuesta.

En sus constantes idas y venidas del trabajo, en el trayecto que media entre Bélgica y Holanda, un chileno encuentra aventuras mínimas que desafían la rutina. Así, descubre la historia de un antiguo árbol sagrado que viajó desde el sur de Chile hasta convertirse en un objeto de decoración europeo, reflexiona acerca de la importancia de los conejos para el paisaje holandés, no duda en dedicarle una enérgica y desopilante apología al pijama e incluso medita acerca de cómo despedirse en los correos electrónicos. Irónico, fragmentario y digresivo, Material rodante reúne las disquisiciones de un hombre perplejo que cruza una y otra vez la frontera con la parsimonia de quien sale a la esquina a comprar el pan.

Los textos de Gonzalo Maier (Talcahuano, 1981) han aparecido en varios medios latinoamericanos. Es autor de las novelas Leyendo a Vila-Matas (LOM, 2011) y Material rodante (Minúscula, 2015). Vive en Holanda. Le preguntamos por un lugar en el que leer, y esto fue lo que nos contestó:

«Con el tiempo me he transformado en un lector doméstico. A estas alturas soy completamente incapaz de leer en un parque, en un café o incluso en la playa. En la cama, sin embargo, leo novelas largas que casi nunca termino y que apilo sobre un velador para luego retomarlas al azar y confundir los argumentos. En la cocina me gusta leer ensayos —será por esa luz blanca e iluminadora— y en el sofá que está frente a la tele me echo a leer cuentos o novelas breves. Casi todos los días leo columnas de opinión mientras me lavo los dientes o espero a que esté listo el café y, en general, si un poema es bueno no lo dejo de leer aunque prepare la comida, pase la aspiradora o salga a la calle a botar la basura. Esto último, por supuesto, intento hacerlo muy rápido.»

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