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Ismael Grasa, lector en bibliotecas

El lector se asoma a las historias de Ismael Grasa igual que contemplaría un iceberg: lo que asoma, lo visible, representa una parte mínima. Los personajes de El jardín, su último libro de relatos –lo ha publicado Xordica–, protagonizan unas vidas rutinarias y detenidas en las que, sin embargo, no dejan de cavar un túnel de salida hacia otro lugar.Ese jardín lo transitan un vendedor de periódicos que sigue en la misma habitación donde creció mientras piensa en declararse a la mujer que ama; un vigilante dedicado a resolver problemas de lógica a la vez que es motivo de burla a su alrededor; un oficinista que sale a dormir a la intemperie junto a los jabalíes, y que mantiene un romance con una mujer tan desamparada como él…

Nacido en Huesca en 1968, Ismael Grasa ha construido libro a libro un estilo sobrio y despojado, con una desnudez que deja al descubierto las fugaces iluminaciones que otorgan sentido a sus personajes. Llega El jardín después de las novelas De Madrid al cielo (finalista del Premio Herralde de Novela y ganadora del Premio Tigre Juan; 1994), Días en China (1996),  La Tercera Guerra Mundial (2002) y Brindis (2008).

También ha escrito el libro de viajes Sicilia (2000), el volumen de relatos y poemas Nueva California (2003) y el ensayo La flecha en el aire (2011). Con la colección de relatos Trescientos días de sol (2007), su anterior entrega en las distancias cortas, obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa. Es un gusto leerle y hemos pensado, entonces, dónde leería él. Aquí su respuesta:

«¿Un lugar para leer? Me hice lector en las bibliotecas públicas de Huesca, cuando era un recién adolescente. Entonces no había internet, y descubrir de pronto aquello, aunque fuese de un modo un tanto desorientado –una desorientación en la que sigo, en buena medida–, fue como dar con un oasis. De adulto he continuado, siempre que he podido, leyendo en bibliotecas. Soy un lector diurno, igual que me gusta escribir con luz natural. En esto sigo el consejo que me dio un día Javier Tomeo, aunque él llegaba a ser un tanto excéntrico en este punto, porque, ciertamente, madrugaba para escribir despejado y con la luz del día, pero bajaba la persiana del todo hasta conseguir el efecto de estar en la mitad de la noche. En fin, por mi parte busco para leer lugares cómodos y silenciosos, lo que no siempre es fácil».

(La fotografía del autor es de Vicente Almazán).

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