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Lea Vélez lee en la cama

«Ese verano volvimos a Malmesbury. Tenías razón». Lea Vélez acaba de publicar en Galaxia Gutenberg su nueva novela, El jardín de la memoria: un emocionante testimonio de amor, por puro amor, que es también un canto a la vida y a la libertad. Venía de publicar hace pocos meses La cirujana de Palma (Ediciones B, en mayo de 2014), una historia con sabor victoriano que se desarrolla en las Baleares. No en vano, Lea tiene fuertes lazos con Inglaterra y pasa largas temporadas en la ciudad de Brighton, donde confiesa que encuentra inspiración junto al mar y buenos amigos con los que tocar música en directo.

Pero Lea Vélez no es nueva en esto de las letras. Tras estudiar Periodismo en la Complutense, se dio cuenta de que además de observar, analizar y escribir, le apasionaba el cine. Por eso decidió convertirse en guionista de ficción. En 2004 se editó su primera novela, El desván (Plaza y Janés), escrita en colaboración con Susana Prieto, de la que se publicaron seis ediciones. En 2006 repitió la experiencia de escribir a cuatro manos con su segunda novela, La esfera de Ababol (Planeta). En 2008 escribió, también con Susana Prieto, la obra teatral Tiza, divertida sátira sobre la educación, que fue galardonada con el premio de Teatro Agustín González.

Hemos preguntado a Lea Vélez cuál es su lugar favorito para leer, y no ha tenido dudas: «en la cama». Aquí tienes sus motivos:
«Reclinada. Mullida. Si hace frío, me tapo. Si hace calor, busco una frescura de algodón. Yo, a los libros los quiero tanto, que me los llevo a la cama. Mi cama. Para mí, el lugar favorito de lectura es esa balsa de naufrago con edredón, en la que siempre me refugiado de cocodrilos y tiburones imaginarios. Yo jugaba de pequeña a que la cama era una isla, una roca, un barco, ¿tú no? Yo sigo jugando, inconscientemente o con mis hijos, y en la cama me inspiro y escribo y en la cama leo y me divierto y me relajo. Yo, desde la cama, dirijo el mundo. Es mi puente de mando. Un mundo, que en mi caso y por ser escritora, es sobre todo inventado. No soy la primera, esto no es nada atípico. Ya lo hacían Capote, Voltaire, Onetti, Edith Wharton. La cama es mi campamento, mi refugio, mi estudio, el centro de mi hogar y aunque a menudo leo cosas en mi despacho o en el salón mirando al jardín… yo la literatura de la buena, la que inspira y altera el alma, la que me impulsa a vivir, la leo siempre acostada».

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Juan Carlos Onetti (y Dolly Muhr), vida en la cama.

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