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La cabalgata de Iván Reguera, por Javier Divisa

Iván Reguera/ La cabalgata /Editorial Sloper

Comienza en sus primeras páginas La cabalgata con una cierta consideración y estímulo por el verano, como si fuera esa estación visceral y descarada que acude a Juan (nuestro protagonista) con la liberación de otras fases más glaciales de la vida, del frío de Bilbao; por tanto para Iván Reguera lo veraniego obedece a una épica sensual y voluptuosa cuya presencia narra una prosa tan admirable como ésta, que interpreta la vida al estilo Umbral en Las ninfas, despreciando la atrocidad del invierno, reafirmando una supervivencia feliz, evocando las mejores pajas. Y eso es algo prodigioso y valiente dentro de las posibilidades narrativas.

También me revolqué al sol, sobre la arena de Berria, y me la casqué escondido entre los cuadrados fardos de hierba seca de los prados, siempre desnudo. Y olí el aroma del eucalipto quemado en hogueras, y robé en frutales, huertas y maizales, y cogí caracoles y moras, y ordeñé con mis propias, gracias a la paciencia de uno de los viejos vaqueros del pueblo, una maloliente e inmensa vaca. Todo acabó demasiado pronto.

 

También la visión de la heroína desde una perspectiva familiar y desde el panorama delictivo en aquellos ochenta, adictos tocando fondo y arruinando vidas, analizados introspectivamente por Iván desde una lógica a veces repulsiva y en determinados momentos indulgente y sensible, si bien tiene La cabalgata en muchos pasajes de la novela cierto cinismo con determinados valores solidarios, con determinadas enseñanzas del colegio, con la fragilidad y la vulnerabilidad, un descaro que atrapa al maestro, al aita y al gilipollas del yonqui delincuente de Bilbao, y al mismo tiempo realza la amistad de Juan con Gonzalo, frente al mundo mediocre de la heroína y la nada borroka, y la nada adolescente de los porros, la violencia, el alcohol, los idiotas que destrozan pianos, y la reivindicación de la música, la pintura, la literatura, la única salvación. Se adentra también la novela en temas del nacionalismo vasco (memorables las discusiones entre padre patán sin oficio ni beneficio, más que la botella y las hostias, y abuelo razonable) y los efectos políticos y sociales del terror y la horterada de la comunidad nacionalista y los planteamiento de la lucha armada.

Y entre vivencias, miserias, anhelos, dioses, discos, dibujos, chicas, amigos, kale borroka, misivas maravillosas de auténtica amistad y demanda de una vida plena, y ambigüedades adolescentes avanza el libro de Iván Reguera, con todo su paralelismo a la novela de aprendizaje en cuanto género literario que reproduce una metamorfosis, que retrata una transición desde la niñez a la vida adulta, es decir, asistimos con la terminante certeza de lo real a la evolución física, moral, psicológica y social de Juan.

Si bien la novela admite otros planteamientos, consistente en la rebeldía, el inconformismo del novelista con lo que los lectores intuyen o saben, y va más allá, trata con credenciales y documentación de divulgar ciertas informaciones al lector sobre determinadas materias como mitología vasca, jazz, cine y literatura, que es posible para ellos adquirir otros conocimientos de los que ya tienen, que es posible incluso hacerles saber lo que no quieren saber, incluso aquello a lo que cerraríamos los ojos si nos lo cuentan en una taberna. En el caso de este libro, gana el tono frente al contenido. Gana la revelación frente a la constatación. Se la juega, arriesga, y conquista.

Otro tema muy presente en la novela es la amistad, y se determina que muchos rasgos humanos únicos –capacidad cognitiva, cultura acumulativa, perfil psicológico, empatía- vienen muy determinados por la amistad real (más que por el entorno familiar de padre borracho nacionalista) y Juan evoluciona gracias a patrones de organización social y cultura que él decide, casi siempre apropiadamente. Estos factores están bastante lejos de la banalización de la amistad contemporánea, tan cerca de Facebook y un simple click. La cabalgata trata la amistad de una forma muy bien trabada literariamente, la amistad es historia y contexto, como el transcurrir de la novela, además con un triple pretexto, la naturaleza de Juan y Gonzalo, la concepción etérea que puede suponer el concepto de la amistad y el trasfondo político.

Encendí una vela, apagué la luz, me desnudé, me tumbé en la cama y escuché concentrado. Así descubrí un disco absolutamente maravilloso. Y el jazz. Fue una epifanía. Y, de alguna manera, esa noche sí vi claro, y con regocijo, que había encontrado a un amigo. Un amigo de los gordos, de los que marcan, de los que se quedan, de los que podrían estar a mi lado toda la vida. Me sentí muy dichoso. Y así me dormí.

Foto: Dan Nyugen (Todos los Creative Commons)

 

 

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