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Moriría por ti de F. Scott Fitzgerald, una lectura de Javier Divisa

F. SCOTT FITZGERALD

MORIRÍA POR TI y otros cuentos perdidos

ANAGRAMA

La narrativa de Scott Fitzgerald está muy correlacionada con su naturaleza personal y las circunstancias que marcaron su vida, esa índole psicológicamente tambaleante que marcó su fatalidad y su estrellato consecutivo a la muerte; desde un punto de vista individual no hay dudas de la tragedia y la epopeya del episodio, desde en un punto de vista novelesco no hay dudas del grandísimo interés narrativo de su vida y las refracciones en sus historias.

– Gasté mucho dinero. Financié obras de teatro, intenté atravesar volando el Atlántico y beberme todo el vino de París, ese tipo de cosas. No tenían sentido, y por eso están tan pasadas de moda. Estaban vacías.

Los excesos alcohólicos, la profusión, el lujo, la inestabilidad emocional, el ánimo por los suelos, los viajes por los abismos, la disección de los males propios y a su vez los estragos de toda una generación, el gravamen físico y espiritual de todos los cuentos de Fitzgerald escritos en la Gran Depresión y generalmente por pura hambre y alcoholismo antes de su resistencia a la fama, aquellas fiestas que eran batallas y a la devastación personal; la famosa mentira de los ricos de toda la obra de Scott Fitzgerald. Por ejemplo, en el cuento Pulgares arriba se puede leer: Iba a la guerra, sin embargo, como quien va a una fiesta. Pues bien, posiblemente Fitzgerald iba a las fiestas como quien va una guerra. Extracto paradójico para el lector.

Los cuentos entran dentro del círculo disoluto y triste de la vida del autor y las dificultades de escapatoria cuando ya se está inmerso en el juego y posiblemente ya se niegue la evasiva. Lo que encontramos en Moriría por ti es nuestro propio espejismo moderno, snob y acomplejado, una notable insuficiencia para ser felices, mientras percibimos algo realmente solvente y severo que podríamos denominar gran literatura , a veces con personajes demasiado azotados y demasiado vividos que en algún momento pueden parecer presas del gran predicamento, la gran erudición de la vida, pero estaremos pendientes de la pirueta conmovedora, el salto de la sangre en cualquiera de las páginas siguientes. La derivación en el entorno hostil.

Era triste que el momento de la máxima felicidad de Roger se viera precedido por la tragedia de otro hombre, pero debía haber algo con Carley Delannux que le hacía necesario morir; algo siniestro, algo que había vivido demasiado, o que llevaba demasiado tiempo en pie y muerto, y había dejado una estela de corrupción.

La elegancia, la sutileza y la precisión, incluso a menudo la frase cortante y épica, son componentes esenciales en la narrativa de Fitzgerald, con un sarcasmo quizá infausto y trágico, pero a su vez con una extraordinaria sugestión por la belleza y la vida, incluso el predomino y la posición de la naturaleza en la vida emocional y el coraje de las personas. En primer lugar el humor negro y a continuación el Scott pictórico, escénico y visual, casi aventurando el drama:

– ¡No digas tonterías! ¿A qué has subido aquí?

– A tirarme, por supuesto.

– ¿Por qué?

– Por amor supongo. Pero resulta que llevaba este sándwich…y tenía hambre. Así que decidí comer primero.

En una copa, en las montañas de Carolina, el lago yace con el fulgor rosa de la tarde de verano en su superficie. En el lago había una península y, en la península, un hotel de estilo italiano con muros de estuco que viraban a muchos colores según avanzaba el sol. En el comedor del hotel cuatro personas del mundo del cine se sentaban en una mesa.

La prosa de Fitzgerald, en base a su dramatismo y humor, tiene siempre una nota moralizante muy relacionada con su vida; sus crónicas de desaparición y muerte tras la Primera Guerra Mundial, sarcasmo y despecho con la literatura de autoayuda y espiritualidad (confirmo), psiquiátricos, amores imposibles, suicidios probables, intriga, gansters, hipocondríacos, evocaciones de Zelda y los hospitales, reminiscencias de Hitchock y el guión cinematográfico, de Hemingway, chicas bellísimas, alcohol, derrota y victoria post-mortem.

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