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Eñe 48: Adicciones

En el número de invierno de Eñe, el lector podrá encontrar un catálogo de adicciones diversas. Un inventario, también, de obsesiones. Sustancias psicotrópicas, alcohol o comida, pero también naturaleza pastoril, fisgoneo conyugal o sexo con enanas. Las adicciones son una forma de vida, un temperamento del que es difícil escapar, y ése es el apasionante que desarrollan en el número 48 de Eñe autores como Gabriela Ybarra, Lucía Etxebarria, Daniel Giménez, Gioconda Belli, Edurne Portela, José Serralvo o Sara Mesa, entre otros. La portada y las imágenes del interior lo conforman las perturbadoras fotografías de la serie Wannabe, de Elisa González Miralles, que mezclan mujeres que parecen muñecas y muñecas que parecen mujeres. Además, la revista incluye textos de Fernando Aramburu, Inma Chacón, Sergio del Molino, Juan Gómez Bárcena y Ángeles González-Sinde, así como una conversación entre Antón Castro y José María Merino.

 A continuación te ofrecemos el prólogo del número, para que puedas hacerte una idea más completa de lo que encontrarás en él. ¡Que lo disfrutes!

 

LA MATERIA DE LOS SUEÑOS

Una de las grandes preguntas de la historia del arte —de todas las artes— se refiere a la verdad y a la verosimilitud. Lo falso, lo que nunca ocurrió, lo que no existe, debe parecer verdadero para que el lector o el espectador sientan que la vida está ahí. Una película de naves espaciales o un relato de ciencia ficción transcurren en un escenario siempre irreal, imaginario, pero si su creador ha usado bien la varita mágica artística logra conmover con ellos como si estuvieran hechos de la materia misma de la carne. Ese es el misterio que se esconde siempre debajo de la creación: saber si se imita la vida o si se la crea.

Elisa González Miralles, la fotógrafa que da color a este número de Eñe, nos mete de bruces en ese callejón sin salida metafísico: ¿es más real lo real que lo ficticio? En su serie Wannabe retrata a mujeres japonesas y a muñecas hiperrealistas japonesas. ¿Quién puede distinguir en los ojos y en la sensualidad de los labios cuál es cuál? ¿Quién se atreve a apostar en qué mirada hay más turbiedad y qué rostro inspira más amor?

La vida, como empecinadamente se empeña en demostrar la muerte, es un asunto frágil e ilusorio que no dura. Las sonatas de Bach, las películas de Kurosawa o las novelas de caballería, en cambio, conservan su vitalidad durante siglos. Durante el tiempo eterno. Es cierto que la cantidad —incluso la cantidad de tiempo— no es argumento valioso para defender algo. Es cierto también que las muñecas de Elisa González Miralles, a pesar de su incitadora ambigüedad, no pueden besar.

Pero ahí vuelve, sisíficamente, la gran pregunta de la que hablábamos: ¿es mejor besar o soñar que se besa? Esta revista literaria está hecha del aire fragoroso de lo falso, de lo que no existe, del humo de los sueños. Sus artífices hablan de una mudanza de casa, del cáncer, del tamaño de los genitales o de trastornos alimentarios. Cosas tan absolutamente reales que parecen creadas por la mano de sus autores. Tóquenlas.

 

Fotografía: Elisa González Miralles Wannabe

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