eñe. Revista para leer

Revista, festival, cosecha, arte y todo lo que es EÑE en Internet

El juicio final

Personas y personajes, por Sergio del Molino

Iba a escribir “he tenido una disputa con un escritor”. Así empezaba este artículo, pero he tachado disputa porque le daba un aire demasiado respetable, como de tertulia del Pombo. Digamos bronca. Digamos que el escritor en cuestión se dedicaba a comadrear en las redes sociales sobre mí, como tantos otros y como con tantos otros, pero como el escritor me gusta y tenemos muy buenos amigos comunes, me jodía.

Seguir leyendo…

El ladrón arrepentido, por Sergio del Molino

Recibo una carta, un paquete más bien, con remite de Cambridge. Es un lector, o así se anuncia en una hermosa carta, en la que me cuenta que quiso comprar varias veces mi libro La España vacía, pero que, por hache o por be, siempre se le cruzaba otro título y posponía su deseo. Me pregunto al leerlo por qué me cuenta con tanto detalle la historia de la no

Seguir leyendo…

La guerra cultural, por Sergio del Molino

Si fuera cierto el tapón generacional, lugar común entre autores que hacen esfuerzos por flotar en el mar literario, se estaría justificando el asesinato de escritores mayores. Si se estiraran hasta sus consecuencias reales la furia y la rabia que se vierten en internet, tendría que intervenir el ejército. La muerte del padre (y hasta del abuelo) sería real. Los agitadores culturales devendrían terroristas, cumpliendo tal vez un sueño adolescente,

Seguir leyendo…

Libros escritos sin querer, por Sergio del Molino

Como las del Nilo o las del Danubio, las fuentes de la literatura están siempre escondidas. Nadie sabe de dónde manan. Claudio Magris, en su obra maestra, intenta llegar al manantial del Danubio. Dice que hay una llanura encharcada de la que sale el agua que luego se convierte en el río. Pero ¿de dónde sale el agua que encharca la llanura? Si se sigue el curso, se llega a

Seguir leyendo…

26.246 kilómetros, por Sergio del Molino

Me ha dado por contar los kilómetros que he hecho por trabajo desde el 1 de enero hasta hoy mismo (que vuelvo a viajar, por cierto). En realidad, solo una parte de ellos, porque no he computado los viajes que he hecho para trabajos no estrictamente literarios. Hasta la fecha he recorrido 26.246 kilómetros. Y sin cruzar océanos: todos en España e Italia, en tren, coche y vuelos cortos de

Seguir leyendo…

Nuestra cabaña en el bosque, por Sergio del Molino

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente». Esa es la declaración de intenciones, mínima, sencilla, simplificada al máximo, que explica por qué Henry David Thoreau se fue a vivir a una cabaña a orillas del lago Walden en 1845, cuando tenía veintisiete años, ningún trabajo, un futuro profesional más que incierto y un puñado de decepciones y fracasos literarios que no le habían corroído aún su fortísima vocación de

Seguir leyendo…

El abajo firmante, por Sergio del Molino

Apenas tengo ejemplares dedicados en mi biblioteca. Poseo las obras completas de varios amigos con los que he compartido varias cajas de vino y seis o siete secretos y jamás me han dedicado un libro. Porque no se lo he pedido. Porque no se les ha ocurrido. El otro día regalé una edición anticipada no venal de mi próximo libro a dos escritores a los que quiero y admiro mucho.

Seguir leyendo…

Figuritas japonesas, por Sergio del Molino

Doy uno o dos pasos atrás, retiro las dos inestables y altísimas pilas de novedades que se alzan como monumentos dementes en mi escritorio y me permito comentarles un libro que tiene ya un tiempo. Se publicó en España en 2015, que en términos editoriales es como si les hablara de la Edad de Bronce. Si lo comento aquí es por dos razones, tres en realidad. La primera es porque

Seguir leyendo…

¡Que le corten la cabeza!, por Sergio del Molino

Iba a seguir contando mis desventuras de escritor viajante por las capitales de España, pero en una de las etapas más fatigosas de la gira, me topé con algo que merece un comentario aparte. Fue en el Alvia Madrid-Huelva, que tarda cuatro horas en hacer el recorrido. Cuatro horas que dieron de sí para devorar Arden las redes, de Juan Soto Ivars, un ensayo extraño, mitad tratado, mitad libro de

Seguir leyendo…

Una mancha molesta y sucia, por Sergio del Molino

Velibor Čolić mide casi dos metros y llegó a pesar ciento veintisiete kilos. Se duchaba poco, olía agrio y tenía un acento del este de Europa que él llamaba, genéricamente, cosaco. Así le llamaba una de las novias que tuvo en Francia: Velibor, eres un cosaco. “Soy una mancha molesta y sucia, una bofetada en el rostro de la humanidad, soy un inmigrante”, escribe de sí mismo. Velibor se alimenta

Seguir leyendo…