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Desdoblamiento, por Gema Estudillo

Hoy es ayer y es mañana. La secuencia repetida del mismo instante, condenados en ella a desdoblarnos cada uno en sí mismo en el ancho espacio del tiempo. Idénticos. Iguales. Sin diferencias. La misma piel, los mismos ojos, el mismo puñado de huesos. Una y otra vez desnudo tu cuerpo para llegar a ti, hecho cada vez más ausencia. Cuerpo sin dolor, de ti me nutro, de ti me alimento,

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El hermano imaginario, por Ana Guerberof Arenas

«¿Te parece bien acá? ¿Ya estás filmando? Bueno, es un poco difícil explicar cómo pasó todo. No sé si te voy a contar las cosas medio enquilombadas. Si vos querés que te aclare algo, avisame. Mirá, recuerdo que desde que yo era muy chiquito decía que tenía un hermano gemelo que se llamaba Alberto. Pero yo no tenía ningún hermano, claro, solo tenía dos hermanas mayores que yo: Verónica, que

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Hombres que hablan al viento, por Marcos Pico Rentería

{0} Siempre he desconfiado del viento que arde de noche. No por su condición malsana, sino por su textura de traición. Su ceguera, tan serena como la mía, denunciará nuestra anomalía nocturna e inexistencia. Recordaré (palabra de un tísico mentiroso) la primera vez que me escapé de ese viento en la ciudad de cenizas. Lugar que cobija a un fénix centenario con un asfalto cuadricular. Ciudad etérea, por no decir

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Lingüística mon amour, por Ania González Castiñeira

La distancia que pareces haber recorrido entre significado y significante evitando el pánico te ha convertido en un nuevo Saussure construyes territorio para mí en esa desmedida tuya entre cosas y palabras eres a veces un fantasma Foucault cuanto menos entiendo más me acerco     Ania González Castiñeira formó parte del equipo fundador del colectivo de jóvenes artistas gallegos Iniciativa Curva 1999-2000, y participó en varias ediciones de la

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El mercado de la carne, por Antonio Hernández Nieto

Dicen que los corazones solitarios encierran un páramo desierto. Los hay que colocan en este paisaje algún cactus cubierto de espinas y pelusas rodantes en aquellos corazones que son capaces de mostrar cierta humanidad. Sin duda olvidan que esos corazones bombean el sofocante calor del páramo. También bombean algunas de las espinas que se le caen al cactus llevándolas hasta la raíz del pelo y el nacimiento de las uñas

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Otras cosas, por Pilar Gorricho del Castillo

Ora et labora Un síntoma de que te acercas a una crisis nerviosa es creer que tu trabajo es tremendamente importante. Bertrand Russell No debería estar aquí naufragando en la orilla del sustento llena de algas la lengua. Espirulina para rendir más, cañas de bambús para la espalda, vitaminas para el alma, meditación para no vomitar entre horas. El capricho de la sonoridad del tiempo con su lentitud azotada de

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Posesión, por Alberto Sánchez Argüello

Cada día, al regresar de la escuela, me detengo en el parque a un par de cuadras de mi casa. Está lleno de juegos rotos y hojas podridas cubren el sitio, excepto por un pequeño carrusel que ya no puede girar. Ahí fue donde lo encontré. Estaba sentado en un caballito sin cabeza. Tenía casi mi tamaño, con la piel oscura y escamosa. Me dijo que estaba sólo y que

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De certezas y secretos, de Raquel Carrasco

Jon tiene 28 años y un gesto serio que dulcifica con una mirada llena de brillo y destellos caoba cuando le da el sol. La cabeza apoyada en el cristal del autobús como cada mañana, perdidos los pensamientos en repasos cotidianos mezclados con los ruidos de la calle, el claxon de la moto, el soniquete del semáforo en verde para invidentes. Lleva demasiadas mañanas repitiéndose que los hombres no sufren

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Breve encuentro, por Ramiro Gairín

Me había extraviado por el bulevar Laurel Canyon. Lo pensé sin pánico, degustándolo; imponiéndome la reacción que tendría un viajero, no un turista. El cielo, empedrado de grises nubarrones, amenazaba con desplomarse sobre la ciudad. Se escuchaban truenos tras las colinas de Los Ángeles. Faltaban unas horas para la noche. Aquella mañana, en el hotel, había amanecido con el aliento de plata, despejado de corazonadas. Mi primer viaje solo, por

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La lectora fiel, por Esther María García Pastor

El cuerpo estaba casi irreconocible, hinchado. Lo había encontrado Carmen, una vecina del pueblo. Era Nerea, la hija de una de sus mejores amigas, que llevaba desaparecida casi una semana. Justo al lado del cuerpo, el libro El guardián entre el centeno. Cuando los efectivos llegaron a la zona, Carmen parecía haber olvidado la horrible masa de carne; no podía dejar de señalar el libro mientras murmuraba una y otra

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