eñe. Revista para leer

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Te toca pasillo, por Adriana Tejada Cuadrado

(Te toca pasillo, de Adriana Tejada Cuadrado, es el relato ganador que se lleva una suscripción anual a Eñe. Revista para leer. Recuerda que queremos que la revista impresa viva en la revista digital, así que os propusimos que Eñe continuara en vuestra escritura. El número 42 de Eñe. Revista para leer se llama Basados en hechos reales. A los escritores que colaboran en él les pedimos que buscasen inspiración en la

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El accidente del señor gruñón, por Esther María García Pastor

—Estaba limpiando el piano de la abuela y cuando he ido a cogerlo, mira lo que ha pasado —me susurra mi madre con tono preocupado, mientras sostiene una figura partida por la mitad—. Me va a matar. Ayúdame a arreglarlo antes de que se le termine el capítulo de la telenovela. ¿Vas a quedarte como un pasmarote mucho rato? —insiste. —Necesitamos pegamento fuerte, yo bajo a la tienda. —No tardes,

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José Hargain, por José Ernesto Jorge Montaldo

Mirta trabajó conmigo en la Intendencia Municipal en 1968 y transcribió a mano unos documentos. Entre ellos, una referencia de extrema escasez histórica acerca de José Hargain. Años más tarde, observando este escrito, concluimos que todo trabajo literario traería consigo las carencias que un asunto reducido a la prosa turística podría generar, mimetizando la imaginación de los creadores a una lerda ritualización de lo consabido. Luego de orillar otros trabajos

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Vida bajo tierra, por Ana González

Salió en las noticias. En un pueblo de Madrid habían tirado un niño a la basura. Al principio la noticia daba miedo pero luego, cuando la oyes entera, lo que daba era envidia. El niño era muy pequeñito y lo habían tirado, dentro de una mochila con un biberón, en una papelera que tenía un agujero debajo. Como era pequeño, dentro del agujero se puso a llorar y unos policías

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El año de la oveja de madera, por Antonio Romeo

Mis vecinos de enfrente siempre están discutiendo. Da igual la hora, no importa el motivo. Cuando les escucho no puedo evitar sentirme un poco triste, no creo que esa sea su vida soñada. Supongo que en algún momento se llegarían a querer y planearían vivir juntos. Inútil, que eres un inútil. Los tengo de ruido de fondo mientras escucho música o intento escribir. Trato de imaginar su gran momento amoroso

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No se agota la muerte, por Concha Morales

El trabajo continúa. La carta de amor o desamor es arrojada al buzón de correos. El camión de la basura se lleva los desperdicios para reciclarlos. Todo esto ocurre a diario, mientras el jardinero da vida a la flor desconocida en un jardín cercano. El trabajo continúa. La canción de amor o desamor es arrojada al disco de vinilo. El camión de la basura recoge más desperdicios para desperdiciarlos. Todo

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Azúcar en el piso, por Noelia Antonietta

La esquina se parecía a cierto recodo de Florida donde existe hoy una galería de arte tan estrecha que hay que pasar de costado y caminar en hilera. Incluso hay un café similar, solo que menos elegante. Cada vez que recuerdo Florida me azota la imagen de Pamela dándome ese consejo tan poco ético que se le escapó del alma. Ella tenía un montón de aritos trepándoles las orejas, partían

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Bajo el baobab, por Alfonso Blanco Martín

—¿Hoy qué nos vas a contar, Haminiaina? —pregunta Rafanoharana con su sonrisa inocente y sus ojos llenos con el brillo de la sorpresa que será colmada poco después por el anciano. —Hoy no os voy a contar una historia, os voy a contar una visión que tuve la otra noche. Bajo el baobab se encuentra Haminiaina, como cada día en que Ravolana, con su brillante y blanca redondez, va a

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Don Carmelo, por Antonio Ladra

«¡Estoy emparrillado, estoy emparrillado!», gritaba desaforadamente Lilo. En el suelo, atontado, desmayado, yacía el cuerpo de un hombre robusto. «¡Estoy emparrillado, estoy emparrillado!», seguía gritando Lilo. «¡Tirale con el marrón!», volvió a gritar, «¡largale el marronazo!». El hombre se movió un poco, eran los estertores, creo, y entonces es cuando le pego con el marrón en la cabeza, ¡tremendo golpe! Ahora sí, el hombre se quedó quieto, ya cadáver, ya

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Te toca pasillo, por Adriana Tejada Cuadrado

Se aburre, mucho. Julio piensa en lo insignificante que es todo, que puede llegar a ser una vida, cuando no hay nada que hacer un viernes por la noche. Ha quedado con una amiga, pero el interés no le come por dentro, no lo devora como si no pudiera hacer otra cosa más que verla. No es el tipo de persona que decide vagabundea por las calles, solo, con un

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Buenos Aires, 1978, por Patricia Collazo González

Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle. Desde el rellano de la escalera sólo veía la silueta enorme, y a sus pies, el cuerpo maniatado de papá. Mamá había dicho que pasara lo que pasara no debíamos bajar. Ahora, lloraba frente a la puerta y mientras los hombres desordenaban todo, nos lanzaba subrepticias miradas de advertencia. Al cabo de un rato, el que estaba junto a

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Anaan, por Carmen Ramos

Una chica ha caído como un saco de patatas delante de mí, a unos escasos cinco metros. He podido escuchar el golpe del cuerpo contra el suelo. Es viernes por la noche, centro de la ciudad, última semana de clase antes de Navidad y los viandantes que a esa hora quedábamos en la calle miramos descreídos el bulto en el suelo: otra Erasmus en coma etílico, pensamos casi al unísono.

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Ejemplar 177, por Eva Martínez

(Ejemplar 177, de Eva Martínez, es el relato ganador que se lleva una suscripción anual a Eñe. Revista para leer. Recuerda que queremos que la revista impresa viva en la revista digital, así que os propusimos que Eñe continuara en tu escritura. Te animamos a enviarnos tus poemas o relatos sobre Basado en hechos reales, el número 42 de Eñe. Puedes enviárnoslos mediante el formulario que hemos habilitado, y consultar

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Escribes: premiamos tus textos

El número 42 de Eñe. Revista para leer se titula Basado en hechos reales. A los escritores que colaboran en él les pedimos que buscasen inspiración en la verdad: con fechas, con lugares, con nombres y apellidos. Pero queremos que la revista impresa viva en la revista digital, así que ahora te proponemos a ti que Eñe continúe en tu escritura. Esperamos tus escritos —no importa el género, no importa

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Ejemplar 177, por Eva Martínez

Ejemplar 177 sabe que su momento está cerca. El peso ha disminuido con rapidez en las últimas semanas y 176 le estropea un poco la portada cada vez que intenta estirar la suya para venderse. El grupo siente cierta lástima por 173, el ejemplar que todos cogen y manosean pero que nadie escoge. El primero de la fila que acabará en una caja de cartón en el almacén, rodeado de

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Un paseo por el cable, de Rafael López Vilas

Para un escritor, escribir desde el cuello del abismo resulta casi, y desde un punto de vista estético, como el paseo entre las dos flamantes torres del World Trade Center que dio Philippe Petit en 1974 en la ciudad de Nueva York. Emocionante. Inequívocamente peligroso. Quizá, poco recomendable. Sin embargo, no puede, por más que se quiera negar, decirse que este acto de temeridad, no tiene para el lector o

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De milagros, libros y metáforas, por Silvia Gabriela Vázquez

Muchos años después, frente a los anaqueles de la Feria del Libro, la niña que he sido —y la que soy todavía cuando nadie me ve— había de recordar aquella tarde remota en que mi padre me llevó a conocer su biblioteca en el altillo. Todos los tomos tenían un nombre ,que yo señalaba con el dedo para que fuera él quien los leyera. Ayudaba mamá, con la voz orgullosa

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Título que revela muy poco: pronto revelará más, por Marcos Pico Rentería

—Se admirará el virtuoso in medias res. —Perderá valor el diálogo secundario —comentará otro narrador. —El canto ya no será poesía, sino serán medidas para vender libros. —Lo sublime seguirá siendo vigente —será culpa del narrador. El primer interés es distraer al lector. Se sabe que es un lector sagaz, un lector de lectores. Se comenzará por dialogar con ella (a veces con él) con el fin de aceptar la

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La suerte del donnadie, por José Andrés Ardila

El descubrimiento de la obra de Syzer fue más o menos algo milagroso, el resultado de una serie de casualidades que bien pudo haber servido de argumento para uno de sus relatos. Llegué a Washington con una maleta con ropa y otra repleta de los libros que no fui capaz de dejar en Colombia. La universidad me había asignado una residencia para compartir con dos extranjeros más. Todo hacía parte

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Desertores de la claridad, por Yairen Jerez Columbié

La claridad pasa del cielo al cristal de tu ventana, a tus papeles, a los ojos claros. No es virtud del texto ni cualidad de reflejar colores del iris. No es la luz bienvenida. La claridad es la emanación oportunista que te arruga la frente y que en mi tierra siempre se desborda. —Cierra la ventana, que entra demasiada claridad. —¡Tremenda claridad! —¿Te molesta la claridad? En las casas de

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No la molestes, por Isabel Garrido

Me gusta cuando lee porque se le fugan las sonrisas y se le evapora el alma en forma de lágrimas. Marchan directas a las páginas que las vieron nacer, y flotan a la deriva entre renglones y espacios. Me gustan las islas que se forman entre capítulos, cuando suspira deseando saber qué más puede ocurrir en esa historia que tiene entre manos y pasa la página sin poder detenerse un

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Pâtisserie, por Luis Miguel Morales Peinado

Planté el pie derecho sobre la acera. Por casualidad, no por un instante de superstición. Después, el izquierdo. El cuerpo aún permanecía en el interior y comprendí que no era una postura cómoda; aparte, si en ese momento alguien se fijase en mí se podría llevar un buen susto, o quizá no, eran horas en las que si pasaba algún transeúnte lo más normal es que no reparase en esas

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El tiempo de las leyendas, de José Urbano Hortelano Platero

El tiempo de las leyendas Era el tiempo en el que el vino y el aceite se guardaban con el oro y el bronce en la misma despensa. Era el tiempo de los aventureros, de los maridos traicionados, de las sirenas acechantes de las diosas enamoradas. Era el tiempo en el que los hombres se escondían cuando la ira acechaba por no tomar decisiones inadecuadas. Cuando las mañanas lucían dedos

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Naked girls reading, por Jorge Ortiz Robla

Ella leía desnuda, así su pecho blanco reflejaba la pureza del papel. A veces una “o”, cursiva, se escurría entre sus piernas. [La palabra es caprichosa y la sílaba, un instante de temblor, una bravata] Otras, en cambio, su cuerpo amanecía tintado con el sueño indescifrable tatuado al cuerpo. Entonces recogía de entre las sábanas el libro blanco y comenzaba a acariciarse con sus páginas la piel y los signos

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Ruinas, por Raquel Moraleja San José

(Ruinas, de Raquel Moraleja San José, es el relato ganador que se lleva una suscripción anual a Eñe. Revista para leer. Recuerda que queremos que la revista impresa viva en la revista digital, así que os propusimos que Eñe continuara en tu escritura. Te animamos a enviarnos tus poemas o relatos sobre Leed, leed, malditos, el número 41 de Eñe. Puedes enviárnoslos mediante el formulario que hemos habilitado, y consultar

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