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Fábula del simio y la serpiente, por Javier Delgado Delgado

Autor: Javier Delgado Delgado Nota biográfica del autor: Soy escritor y profesor de inglés. Tengo 45 años y resido en Tenerife. El año pasado publiqué con Mundopalabras mi primera novela, Mundo volátil. En la actualidad, además de llevar mi blog de autor, trato de publicar mi segunda novela. Mientras, escribo la tercera. Web | Facebook | Twitter Texto: Debe haber alguna relación, un enlace secreto, con sus códigos a lo

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Ser el otro, por Eva María Medina

Autor: Eva María Medina Nota biográfica del autor: Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid. Sus cuentos han sido publicados en revistas literarias, españolas y latinoamericanas, y en diversas antologías. “Relojes muertos” ( Playa de Akaba, 2015) es su primera novela. Web | Facebook | Twitter Texto: ¿Me sucedió algo que quizá, por el hecho de no saber cómo vivir, viví como si fuese otra cosa? CLARICE

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Ignorancia, por Fernando Sanabria

Autor: Fernando Sanabria Nota biográfica del autor: Fernando Sanabria (Algeciras, 22 de octubre de 1993) ha realizado estudios en el grado Lengua y literatura españolas en la Universidad de Murcia. En la actualidad, reside en Madrid, donde cursa Literatura general y comparada.   Ignorancia Tú no sabes nada. Estás sentado en la cómoda del salón mirando por el ventanal que da a la calle. Al frente, la tienda de alimentación

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La Propiedad Intelectual

Autor: Jesús Granero Nota biográfica del autor: Demasiadas ganas de vivir hicieron que me adelantara y en las navidades de 1980 ya estaba dando vueltas por el mundo. Mitad de un lado, mitad del otro, mi vida jamás conoció estancia única, mi niñez osciló entre Buenos Aires y Tierra del fuego, al sur, muy al sur. Puedo decir que con siete años di mis primeros pasos por segunda vez en

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El autómata de Ramón, por José Luis Barrera

Ramón Gómez de la Serna coleccionaba toda clase de objetos en su torre de la Calle Velázquez, pero las joyas más valiosas eran las muñecas de cera. Se sabe que el escritor tuvo dos: la primera murió de “rotura irreparable” y la segunda, después de que su sexo helado inspiró cientos de greguerías, fue abandonada por amor a un robot. Un contertulio del Café Pombo le contó a Ramón que

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El mundo en cuadros negros y blancos, por Felix Kalhai

Esta es una historia muy antigua… y reciente. Pasó hace milenios y sigue pasando. Al inicio de los tiempos, dos dioses estaban en disputa, uno negro y otro blanco. Ambos querían la tierra para sus escogidos, sin embargo, ellos no podían interactuar físicamente con ellos (por alguna razón se impusieron esa regla), así que su labor quedó reducida a poco más de influir en los actos de sus favoritos. En

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Esta noche hay una fiesta, por Gloria Plaza Medina

Ahora mismo me gustaría desaparecer. Hoy cumplo cincuenta y ocho años y me acabo de enterar de que mi mujer me ha preparado una fiesta sorpresa. Horror. Estoy enfadado. Odio este tipo de cosas. Pero ella cree que con ello me alegrará el día. Es inaudito lo poco que nos conocemos o lo mucho que han cambiado las cosas desde mi enfermedad. Además: ¿qué de bueno puede tener este día?

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206 huesos, por Virginia Mas

Hace siglos de esto. Hace tanto que no estoy seguro de estar siendo fiel a la verdad. Fui un cuerpo. Una persona dotada de músculos y arterias. De complejas conexiones neuronales. Me atrevería a afirmar que hasta de sentimientos. Cubierta por un repugnante tejido adiposo. Que dedicó toda su vida a liberarse de todo aquello que pudiera considerarse una carga. Una tarde vacié en un baúl todas mis vísceras, doblé

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Poema 47, por Sergio Manganelli

Y si el amor no fuera el rebaño apacible de los días, pastando en la licitud de la costumbre y colmando de estiércol los prados de la vida? Si bajo el agua verde y serena de tránsito seguro surgiera el borbollón, perdiendo al débil saltamontes, en las fauces atroces de la insatisfacción y el desaliento? Y si el amor es este gorrión melancólico anidando entre tus pechos, que a pico

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El hermano imaginario, por Ana Guerberof Arenas

(El hermano imaginario, de Ana Guerberof Arenas, es el relato ganador que se lleva una suscripción anual a Eñe. Revista para leer. Recuerda que queremos que la revista impresa viva en la revista digital, así que os propusimos que Eñe continuara en vuestra escritura. El número 43 de Eñe. Revista para leer se titula Desvelados. Hemos pedido escritos —no importa el género, no importa si relato o poesía— movidos por esa contraseña: desvelados. Algo que

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El muñeco Kuniko, por Miguel Llamas Sánchez

Kuniko es un muñeco de trapo. Se formó de polvo de debajo de la cama del matrimonio Sánchez. Los calcetines y las gomas del pelo le dieron consistencia. Los Sánchez, que durante muchos años habían intentado tener hijos, llegó un día en el que tiraron la toalla, y Kuniko nació. La desesperanza, la desidia y la tristeza de la pareja se hicieron materia un día de abril en el que

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Desdoblamiento, por Gema Estudillo

Hoy es ayer y es mañana. La secuencia repetida del mismo instante, condenados en ella a desdoblarnos cada uno en sí mismo en el ancho espacio del tiempo. Idénticos. Iguales. Sin diferencias. La misma piel, los mismos ojos, el mismo puñado de huesos. Una y otra vez desnudo tu cuerpo para llegar a ti, hecho cada vez más ausencia. Cuerpo sin dolor, de ti me nutro, de ti me alimento,

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El hermano imaginario, por Ana Guerberof Arenas

«¿Te parece bien acá? ¿Ya estás filmando? Bueno, es un poco difícil explicar cómo pasó todo. No sé si te voy a contar las cosas medio enquilombadas. Si vos querés que te aclare algo, avisame. Mirá, recuerdo que desde que yo era muy chiquito decía que tenía un hermano gemelo que se llamaba Alberto. Pero yo no tenía ningún hermano, claro, solo tenía dos hermanas mayores que yo: Verónica, que

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Hombres que hablan al viento, por Marcos Pico Rentería

{0} Siempre he desconfiado del viento que arde de noche. No por su condición malsana, sino por su textura de traición. Su ceguera, tan serena como la mía, denunciará nuestra anomalía nocturna e inexistencia. Recordaré (palabra de un tísico mentiroso) la primera vez que me escapé de ese viento en la ciudad de cenizas. Lugar que cobija a un fénix centenario con un asfalto cuadricular. Ciudad etérea, por no decir

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Lingüística mon amour, por Ania González Castiñeira

La distancia que pareces haber recorrido entre significado y significante evitando el pánico te ha convertido en un nuevo Saussure construyes territorio para mí en esa desmedida tuya entre cosas y palabras eres a veces un fantasma Foucault cuanto menos entiendo más me acerco     Ania González Castiñeira formó parte del equipo fundador del colectivo de jóvenes artistas gallegos Iniciativa Curva 1999-2000, y participó en varias ediciones de la

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Otras cosas, por Pilar Gorricho del Castillo

Ora et labora Un síntoma de que te acercas a una crisis nerviosa es creer que tu trabajo es tremendamente importante. Bertrand Russell No debería estar aquí naufragando en la orilla del sustento llena de algas la lengua. Espirulina para rendir más, cañas de bambús para la espalda, vitaminas para el alma, meditación para no vomitar entre horas. El capricho de la sonoridad del tiempo con su lentitud azotada de

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Posesión, por Alberto Sánchez Argüello

Cada día, al regresar de la escuela, me detengo en el parque a un par de cuadras de mi casa. Está lleno de juegos rotos y hojas podridas cubren el sitio, excepto por un pequeño carrusel que ya no puede girar. Ahí fue donde lo encontré. Estaba sentado en un caballito sin cabeza. Tenía casi mi tamaño, con la piel oscura y escamosa. Me dijo que estaba sólo y que

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De certezas y secretos, de Raquel Carrasco

Jon tiene 28 años y un gesto serio que dulcifica con una mirada llena de brillo y destellos caoba cuando le da el sol. La cabeza apoyada en el cristal del autobús como cada mañana, perdidos los pensamientos en repasos cotidianos mezclados con los ruidos de la calle, el claxon de la moto, el soniquete del semáforo en verde para invidentes. Lleva demasiadas mañanas repitiéndose que los hombres no sufren

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Breve encuentro, por Ramiro Gairín

Me había extraviado por el bulevar Laurel Canyon. Lo pensé sin pánico, degustándolo; imponiéndome la reacción que tendría un viajero, no un turista. El cielo, empedrado de grises nubarrones, amenazaba con desplomarse sobre la ciudad. Se escuchaban truenos tras las colinas de Los Ángeles. Faltaban unas horas para la noche. Aquella mañana, en el hotel, había amanecido con el aliento de plata, despejado de corazonadas. Mi primer viaje solo, por

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La lectora fiel, por Esther María García Pastor

El cuerpo estaba casi irreconocible, hinchado. Lo había encontrado Carmen, una vecina del pueblo. Era Nerea, la hija de una de sus mejores amigas, que llevaba desaparecida casi una semana. Justo al lado del cuerpo, el libro El guardián entre el centeno. Cuando los efectivos llegaron a la zona, Carmen parecía haber olvidado la horrible masa de carne; no podía dejar de señalar el libro mientras murmuraba una y otra

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El tiempo de las leyendas, de José Urbano Hortelano Platero

El tiempo de las leyendas Era el tiempo en el que el vino y el aceite se guardaban con el oro y el bronce en la misma despensa. Era el tiempo de los aventureros, de los maridos traicionados, de las sirenas acechantes de las diosas enamoradas. Era el tiempo en el que los hombres se escondían cuando la ira acechaba por no tomar decisiones inadecuadas. Cuando las mañanas lucían dedos

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Momentos íntimos, por Rosa Lozano Durán

Yo le hablaba sin parar: de mis amigos, de cómo había sido la merienda con mis primos en la casa de mi abuela, de eso tan divertido que había pasado en los dibujos animados de la tarde. Era incansable. Siempre le estaba contando cosas, o preguntando, o pensando en voz alta con ella y, si estaba callada, sólo podía ser por tres motivos: o tenía la boca llena, o leía

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Canción para los niños perdidos, por Alba Ballesta

Niño perdido, encuéntrate primero antes de buscarme. Niño perdido, no insistas. Nunca quise ser madre, solo hija de muchos padres para poder matarlos y con los restos del desuello tejer un abrigo del mismo azul venoso de los hilos que superpuestos en un enorme entramado conformarán una madriguera, útero del mundo, protector de todos los bastardos que me llaman mamá y se pelean por ver la luz a través de

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La madre de mis ojos, por Neus Arimany

No era hábito ni norma darnos un beso de buenas noches, ni de buenos días, ni un abrazo, ni siquiera para fingir calor. A oscuras, dentro de mi cama, era una niña literalmente fría. Pero entonces cerraba un ojo, solo uno, para preservar lo que tenía de real aquel momento y poder añadirle la dosis justa de fantasía que colmara mi necesidad de calor. Y me parecía ver como mamá

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La madre de mi hermana, por María Laura Bech

Murió la mujer de mi padre. Hace tiempo yo la apreciaba, en verdad la quería, pero un día discutimos y me echo de su casa. Fue una pelea telefónica, de manera que solo nosotras sabemos lo que pasó en esa conversación. Cuando mi padre empezó a averiguar qué había ocurrido, muy a su estilo, como si no quisiera saber. Ella dijo «le pedí que no viniera de visita por un

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