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El tiempo de las leyendas, de José Urbano Hortelano Platero

El tiempo de las leyendas Era el tiempo en el que el vino y el aceite se guardaban con el oro y el bronce en la misma despensa. Era el tiempo de los aventureros, de los maridos traicionados, de las sirenas acechantes de las diosas enamoradas. Era el tiempo en el que los hombres se escondían cuando la ira acechaba por no tomar decisiones inadecuadas. Cuando las mañanas lucían dedos

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Momentos íntimos, por Rosa Lozano Durán

Yo le hablaba sin parar: de mis amigos, de cómo había sido la merienda con mis primos en la casa de mi abuela, de eso tan divertido que había pasado en los dibujos animados de la tarde. Era incansable. Siempre le estaba contando cosas, o preguntando, o pensando en voz alta con ella y, si estaba callada, sólo podía ser por tres motivos: o tenía la boca llena, o leía

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Canción para los niños perdidos, por Alba Ballesta

Niño perdido, encuéntrate primero antes de buscarme. Niño perdido, no insistas. Nunca quise ser madre, solo hija de muchos padres para poder matarlos y con los restos del desuello tejer un abrigo del mismo azul venoso de los hilos que superpuestos en un enorme entramado conformarán una madriguera, útero del mundo, protector de todos los bastardos que me llaman mamá y se pelean por ver la luz a través de

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La madre de mis ojos, por Neus Arimany

No era hábito ni norma darnos un beso de buenas noches, ni de buenos días, ni un abrazo, ni siquiera para fingir calor. A oscuras, dentro de mi cama, era una niña literalmente fría. Pero entonces cerraba un ojo, solo uno, para preservar lo que tenía de real aquel momento y poder añadirle la dosis justa de fantasía que colmara mi necesidad de calor. Y me parecía ver como mamá

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La madre de mi hermana, por María Laura Bech

Murió la mujer de mi padre. Hace tiempo yo la apreciaba, en verdad la quería, pero un día discutimos y me echo de su casa. Fue una pelea telefónica, de manera que solo nosotras sabemos lo que pasó en esa conversación. Cuando mi padre empezó a averiguar qué había ocurrido, muy a su estilo, como si no quisiera saber. Ella dijo «le pedí que no viniera de visita por un

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